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¿Quiénes Son Los Enemigos de Cristo?
< 1 Juan 2:18-29 >
“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que
el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por
esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros,
pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían
permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase
que no todos son de nosotros. Pero vosotros tenéis la unción
del Santo, y conocéis todas las cosas. No os he escrito como
si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna
mentira procede de la verdad. ¿Quién es el mentiroso, sino
el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que
niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco
tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre. Lo
que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo
que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también
vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre. Y esta es
la promesa que él nos hizo, la vida eterna. Os he escrito esto
sobre los que os engañan. Pero la unción que vosotros recibisteis
de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie
os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y
es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced
en él. Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando
se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos
alejemos de él avergonzados. Si sabéis que él es justo, sabed
también que todo el que hace justicia es nacido de él.”
El Apóstol Juan dijo, “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega
que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre
y al Hijo” (1 Juan 2:22). Es decir, “Aquel que niega que Jesús
es el Cristo es el mismo anticristo que niega al Padre y al Hijo.”
Jesús es el Rey de reyes. El Creador de todo el universo. Y Él
nos hizo especialmente y nos salvó de todos nuestros pecados. Para
hacer eso, Él vino a este mundo en semejanza de carne pecadora,
fue bautizado, murió sobre la Cruz, y resucitó de entre los muertos.
Por lo tanto, aquel que niega esta salvación es aquel que no cree
que Jesús es Dios, nuestro Señor y nuestro Salvador. Y tal persona
es el mismo enemigo de Cristo. Jesús es el Rey de reyes, el Creador
de todo el universo, el Profeta y el Sumo Sacerdote del Cielo. Aquel
que no cree en esta Verdad es el enemigo de Dios. El Apóstol Juan
dijo que tal gente ha abandonado la Iglesia de Dios.
1 Juan 2:19 afirma, “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros;
porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros;
pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.”
En los días de Juan, existía gente que una vez profesó creer, salió
en grupo de la Iglesia de Dios. Juan declaró que era para que se
hiciera manifiesto al hacer eso, que ninguno de ellos eran del pueblo
de Dios. Eran mentirosos y enemigos de Dios, ya que no creía que
Jesús era el Cristo. Jesús es el Señor de toda la creación, el Profeta,
el Sumo Sacerdote y el Salvador que nos ha liberado de todos nuestros
pecados a través del evangelio del agua y el Espíritu. Aquellos
que no creían en esta Verdad salieron de entre los santos en sus
días. Él dijo que hubieran continuado con los santos si realmente
hubieran creído en la Verdad.
Aquellos que han recibido la remisión de los pecados aman el estar
junto a los santos, aunque no son perfectos. Permanecer juntos no
los cansa. Si alguien se sintiera cansado mientras está unido, significaría
que no ama a Dios y que está persiguiendo sus propios deseos de
la carne, no estando en unidad con el pueblo de Dios.
El pueblo de Dios también se siente cansado cuando sé reúne con
aquellos que solo buscan sus propios deseos de la carne, aparte
del plan de Dios. ¡Cuán agradable es cuando compartimos una mente!
Comemos juntos, platicamos juntos, y externamente revelamos nuestros
gozos, corajes, tristezas y placeres. ¿Dónde más puedes encontrar
una relación buena y feliz en este mundo secular? Debido a que somos
de una sola mente, nosotros, los nacidos de nuevo nos sentimos cómodos
y felices siempre que nos reunimos. Libremente podemos hablar de
la gente que está contra Dios, y nos consolamos los unos a los otros
dándonos cuenta de las insuficiencias de los demás cuando nos decepcionamos
por nuestras propias insuficiencias. Sin embargo, es muy difícil
para los nacidos de nuevo permanecer con aquellos que no creen,
ya que son Sus enemigos que tratan de destruirle a Él.
A través de sus Epístolas, el Apóstol Juan expresó el dolor de
su corazón con respecto a la perdida de algunos que habían salido
de la Iglesia de Dios. Aunque sé manifiestan como enemigos de Dios,
los anticristos, él tenía un montón de tristeza ya que una vez habían
estado con él. A nosotros también nos duele el corazón, dolorosa
y tristemente cuando encontramos incrédulos en la Iglesia de Dios
mientras que todos sus demás miembros son nacidos por el agua y
el Espíritu, y sé gozan unos a otros por su salvación y vidas eternas.
Juan habló a los santos acerca de la Verdad una vez más. Ellos
ya conocían la Verdad, pero él deseaba recordarles la Verdad para
que sé afirmaran y para que no sé convirtieran en enemigos de Dios.
Y él predicó la Verdad nuevamente por si había algunos incrédulos,
se convirtieran de sus malos caminos. Y la ultima razón por la que
él reitera la Verdad una y otra vez era por que él quería que se
distinguieran los creyentes de los incrédulos con la Verdad. Todo
esto es el contenido principal de sus Epístolas.
En 1 de Juan capitulo 1, él mencionó la luz y las tinieblas. Él
declaró claramente, “Este es el mensaje que hemos oído de él,
y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él”
(1 Juan 1:5). Sin embargo, había algunos miembros de la iglesia
que vivía en tinieblas. Hacían lo malo, odiaban y peleaban unos
con otros mientras buscaban sus propios deseos personales. Por lo
tanto, Juan los exhortó para que admitieran y confesaran sus malas
acciones. Dijo que era un tremendo mal el que no confesaran sus
malas acciones ante Dios y ante sus compañeros creyentes.
Del capitulo 2 al 4, Juan habla acerca del amor: Lo que es el verdadero
amor y porque debemos amarnos unos a otros. Y entonces, él habla
acerca de los incrédulos, los anticristos y de los enemigos de Dios
en la perspectiva del amor. En el capitulo 5, el Apóstol Juan mencionó
lo que era el verdadero evangelio y que él lo había predicado desde
el principio. El evangelio que él había predicado desde el principio
es el evangelio del agua y el Espíritu. Él declaró que Jesucristo
era el Salvador quién vino no solo por agua o sangre, sino por el
agua, la sangre y el Espíritu Santo (1 Juan 5:6-8). Y él dijo que
esto era la Verdad que venía de Dios.
En concreto, él dice que los verdaderos creyentes deben amarse
unos a otros y confesar sus malas acciones, y que de esta manera
ellos llegan a conocer el amor de Dios al hacer esto. Por otro lado,
él nos enseña que existen enemigos de Cristo, los anticristos, y
él habla acerca de quienes son.
Juan conocía a Jesús en detalle ya que él le seguía de cerca. Es
por ellos que desde los primeros días de la Iglesia, el evangelio
de Juan adquirió el símbolo de “el águila” de entre las cuatro criaturas
en la visión de Ezequiel (Ezequiel 1 y 10). Mateo, el escritor del
Evangelio, dice, “Jesús es Rey.” Marcos describe a Jesús como el
Hijo de Dios y el Salvador quién vino a este mundo a servir a la
humanidad. El escritor del Evangelio Lucas pone énfasis en la humanidad
de Jesús: “Jesús, aunque Él es el Dios benevolente, vino a este
mundo como el Hijo del Hombre. Él abraza a toda la humanidad compadeciéndose
de nuestras debilidades.” Por otro lado, el Evangelio de acuerdo
a Juan es llamado “el Evangelio del Águila” debido a que muestra
con precisión el alto nivel espiritual de la voluntad de Dios. A
través de su Evangelio y de las Epístolas, Juan escribió el evangelio
del agua y el Espíritu en detalle, explicó el pecado con un argumento
intenso y nos hizo saber claramente la diferencia entre los hijos
de Dios y aquellos que son del diablo.
El Apóstol Juan dijo, “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega
que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre
y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre.
El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Juan 2:22-23).
Él dijo, “Cualquiera que niega que Jesús es el Cristo es enemigo
de Dios y el anticristo.” Así, él continuó, “Todo aquel que niega
al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene
también al Padre. Lo que habéis oído desde el principio, permanezca
en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece
en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre”
(1 Juan 2:23-24).
Se levantaron muchos grupos herejes en el Cristianismo de la Iglesia
Primitiva que eran los grupos del anticristo, los enemigos de Dios.
Esto demuestra que había muchos siervos de Satanás aún en la iglesia
de la Era Apostólica. Es por ello que el Apóstol Juan advirtió en
el pasaje de la Escritura de hoy que “el que niega que Jesús es
el Cristo es el mismísimo anticristo.” El Apóstol Pablo también
indico que existían falsos hermanos que llegaron a la Iglesia secretamente
(Gàlatas 2:4). Ellos se convirtieron en los anticristos y en enemigos
de Dios ya que no creían en el evangelio del agua y el Espíritu.
Por lo tanto, los siervos de Dios de la Iglesia Primitiva advirtieron
a los santos para que se cuidaran de ellos.
Los Creyentes del Evangelio del Agua y el Espíritu
Son Una Familia
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¿Qué debemos creer para ser una familia con Dios? |
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Ahora debemos conocer y creer que Jesucristo ha venido por el
evangelio del agua y el Espíritu. |
El que nosotros no amemos a Dios y no amemos al hombre –esto es
el mayor pecado. La Biblia dice que el amor de muchos se enfriara
en los últimos días. Esto significa que habrá tiempos que difícilmente
toleraremos vivir debido a la severidad de las relaciones humanas.
Sin embargo, existe el regalo de la gracia de Dios en Su amor, la
cual nos libera de todos nuestros pecados y nos da vida nueva. Y
Él ha dado a nosotros los justos, Su Iglesia, y nos ha permitido
vivir bajo Sus bendiciones espirituales. La gracia y la Verdad de
Dios habitan en el evangelio del agua y el Espíritu.
Hemos llegado a ser una familia con Dios y con los santos nacidos
de nuevo. Y amamos a los más débiles en la Iglesia de Dios. ¿Qué
me puedes decir acerca del interés de los padres por sus hijos?
¿Acaso no se ocupan más de los débiles que de los sanos? Los sanos
crecen bien por si mismos, pero los más débiles necesitan ser cuidados.
De igual modo, los ministros y los obreros de Dios también se ocupan
de los miembros más débiles como lo hace Dios Padre.
Aún más, no solo tenemos interés por nuestros hermanos y hermanas
en Cristo, sino también por aquellos que no son salvos, ya que tenemos
el amor del evangelio que nos salvó de todos los pecados del mundo.
Hemos llegado a amarlos porque Jesús ha dado Su amor a nuestro corazón.
Somos la gente que ama la Verdad, y estamos para vivir una vida
de amor en Cristo.
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¿Quienes son los enemigos de Jesucristo? |
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Son aquellos que niegan a Dios y las obras que Él ha hecho.
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“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que
el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por
esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros,
pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían
permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase
que no todos son de nosotros. Pero vosotros tenéis la unción del
Santo, y conocéis todas las cosas. No os he escrito como si
ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna
mentira procede de la verdad” (1 Juan 2:18-21).
El Apóstol Juan ahora está hablando a la familia de Dios que son
de la misma fe, llamándolos ‘hijitos,’ ‘jovenes’ o ‘padres.’ La
Iglesia de Dios, donde vive la gente de Dios nacida de nuevo, es
la familia de Dios y de Su Reino.
El Señor nos advierte que muchos anticristos han venido a este
mundo. Ellos son los enemigos de Cristo, y no creen que Jesús es
el Hijo de Dios. Juan el Apóstol señaló que ellos no pertenecían
a la Verdad, y que eventualmente dejaron la iglesia ya que no creían
que Jesús era el Hijo de Dios. Dejaron la Iglesia de Dios sin tener
fe en el evangelio del agua y el Espíritu, y por lo tanto, no eran
de Dios desde el principio.
No podemos vivir junto a la gente que tiene una fe distinta de
la nuestra. ¿Qué pasa si llegamos a vivir con un extraño? ¿Podemos
confiar en él incondicionalmente? Nos sentiríamos nerviosos hasta
que verdaderamente confiáramos en él. De igual manera, no podemos
amar a los enemigos de Dios que están en contra del amor de Cristo.
Aunque el Señor nos dijo que amaramos a nuestros enemigos, este
no es el caso.
Los anticristos son enemigos aún para nosotros, los santos. Persiguen
e ignoran a los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu.
Nosotros los santos realmente esperamos que lleguen a habitar en
el amor de Dios, y a vivir juntamente con nosotros en la misma fe.
Pero, hasta que regresen al amor de Dios y crean en el evangelio
del agua y el Espíritu, la Verdad de la salvación, ellos solamente
son los enemigos de Dios y de nosotros. Es por eso que tenemos que
rechazarlos. Aquellos que han recibido el amor de Dios son nuestra
familia para amar. Debemos tener en mente que somos una familia
en el evangelio del agua y el Espíritu.
¿Quiénes Son los Enemigos de Cristo?
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¿Quién niega el amor de Dios? |
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Es aquel que no reconoce a Jesús como su Señor Dios.
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Jesucristo ha salvado a todos los creyentes de todos sus pecados
al ser bautizado y al derramar Su sangre. Este es el amor de Cristo.
Pero existen Sus enemigos que se atreven a rechazar Su amor incondicional.
Son la gente que no cree en el evangelio del agua y el Espíritu,
y son los enemigos de los creyentes en Jesucristo. Por lo tanto,
tenemos que saber que el Demonio no es el único anticristo; entre
los Cristianos, todos aquellos que rechazan el perfecto amor de
Cristo y están contra Él son los enemigos de Jesucristo.
Por lo tanto, 1 Juan 2:18 afirma, “Hijitos, ya es el último
tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora
han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último
tiempo.” Aquí, el Anticristo significa el enemigo de Jesucristo.
No se refiere al Anticristo de Apocalipsis capitulo 13, sino que
se refiere a todos aquellos que no creen que Jesucristo es el Hijo
de Dios, y a quienes no aceptan el evangelio del agua y el Espíritu.
Parece que había un grupo de gente que dejó la Iglesia de Dios
debido a que no creía que Jesucristo era el Hijo de Dios. Esto puede
ser deducido de 1 Juan 2:19 que afirma, “Salieron de nosotros,
pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían
permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase
que no todos son de nosotros.” Una banda de incrédulos, por
llamarlos de alguna manera, dejó la iglesia en donde el Apóstol
Juan había predicado el evangelio, y él les llamó los anticristos.
Él dijo que si ellos hubieran tenido la misma fe que la nuestra,
hubieran continuado con nosotros: pero ellos salieron para que se
hiciera manifiesto, que ninguno de ellos era de nosotros, y que
ninguno de ellos tenía nuestra misma fe.
El Apóstol Pablo también continuó hablando acerca de los anticristos,
esto es, los enemigos de Jesucristo. Tal gente existe hasta ahora.
¿Qué necesidad tenían para abandonar la Iglesia de Dios si tenían
la misma fe que el Apóstol Juan? Si hubiese sido así, no hubieran
abandonado la Iglesia de Dios. Pero fue para manifestar el hecho
de que no tenían la misma fe que Juan. En esta era y tiempo, la
gente que creía en el evangelio del agua y el Espíritu no necesitaba
abandonar la Iglesia de Dios. Si existen algunos que han abandonado
Su Iglesia, es solo para manifestar que su fe es distinta de nuestra
fe que cree en el evangelio del agua y el Espíritu.
Aquellos Que Mienten a Dios Son Aquellos Que No
Cree en la Verdad
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¿Quiénes son los mentirosos ante Dios? |
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Son aquellos que no creen en Jesús como su verdadero Salvador.
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1 Juan 2:22 afirma, “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega
que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre
y al Hijo.” ¿Quién niega que Jesús es el Cristo? Es aquel que
no sabe quien es Jesucristo.
¿Qué significa la palabra ‘Jesucristo’? Primero que nada, ‘Cristo’
significa ‘el Ungido.’ En el Antiguo Testamento, los reyes, los
sacerdotes y los profetas tenían que ser ungidos. Por lo tanto,
esto significa que Jesús es el Salvador que tiene las tres responsabilidades:
Jesús es Dios, el Rey de reyes, y el Señor de todas las huestes;
Él es el Salvador y el Sumo Sacerdote del Cielo que ha borrado todos
nuestros pecados con Su bautismo y con Su derramamiento de sangre
sobre la Cruz; Él es el profeta que nos ha enseñado todo, desde
el principio hasta el final de Su voluntad. Él fue fiel a estos
tres servicios.
Ahora, llegamos a saber quienes son los anticristos. Son aquellos
que no creen que Jesús es el Hijo de Dios, que está encargado de
estas tres obligaciones: el Rey, el Sumo Sacerdote del Reino y el
Profeta. Tales incrédulos que niegan al Padre y al Hijo son los
enemigos de Jesucristo.
Para cumplir la voluntad de Dios Padre, Jesucristo recibió calladamente
todas las burlas, los insultos e indignidades de la gente. Así Él
nos dio Su infinito amor. Los verdaderos Cristianos son aquellos
que creen en Dios y en las obras que Jesús ha hecho, y comparten
la misma fe de Su amor de la salvación en el evangelio del agua
y el Espíritu.
Pero el Demonio y sus hijos no solo tratan de no habitar en el
amor de Cristo, sino que además lo rechazan y lo insultan. Aquellos
que niegan a Dios Padre y rechazan que Jesús es el Salvador son
los enemigos de Cristo. Y la gente que sigue a los falsos maestros
que no han nacido de nuevo son los mismísimos anticristos. Se han
convertido en los enemigos de Jesucristo ya que no creen en Jesús
quién es el Salvador, el Rey de reyes, el Alfa y la Omega, y el
abundante Dador de amor, vida, salvación, sabiduría, gracia y de
todas las bendiciones.
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¿Quienes son los enemigos de Jesucristo? |
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Ellos son aquellos que no creen en el evangelio del agua y el
Espíritu. |
El pasaje de la Escritura de hoy dice que los anticristos son aquellos
que no creen en el evangelio del agua y el Espíritu. Mantén en mente
que ellos son los enemigos de Dios y de los verdaderos Cristianos.
El que ellos no estén con nosotros muestra que básicamente no creen
en Jesús y por lo tanto son Sus enemigos.
Los enemigos de Jesucristo son aquellos que no creen en el evangelio
del agua y el Espíritu en su corazón. La gente de este mundo esta
predispuesta para convertirse en enemiga de Jesucristo si no le
acepta a Él como su verdadero Salvador a través del evangelio del
agua y el Espíritu. La Biblia afirma, “¡Ay de vosotros, cuando
todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus
padres con los falsos profetas” (Lucas 6:26). Si la gente mundana
te alaba, terminaras como enemigo del Señor. La gente de este mundo
nos odiara si creemos en Su amor y seguimos la Verdad. Para ellos
es natural dar cumplidos a aquellos que no creen en el evangelio
del agua y el Espíritu. Por lo tanto, Dios les dice claramente a
tales incrédulos, “Ustedes son Mis enemigos.”
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¿Quién no sé unirá con la Iglesia de Dios? |
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Son aquellos que no creen en el evangelio dado por Dios del
agua y el Espíritu. |
En esta era actual, existe gente que ha abandonado la Iglesia de
Dios. Pueden justificar su elección por varias razones, pero la
verdad es que solo existe una razón cuando dejan la Iglesia de Dios,
el cuerpo de Cristo. Se debe a que no creen en el evangelio del
agua y el Espíritu, la Verdad de la salvación que el Señor nos ha
dado. Aquellos que saben que han llegado a ser uno con la familia
de Dios al creer en el evangelio verdadero nunca podrán traicionar
a Jesucristo. Desde luego, pueden pelear unos con otros, pero ningún
de ellos se sale de la Iglesia de Dios.
Se debe a un problema de fe por lo que se alejan silenciosamente
de la Iglesia de Dios. No se debe a que sean débiles por que lo
hacen. Más bien, son tan fuertes en su propia voluntad o en sus
pensamientos por lo que no creen en el evangelio del agua y el Espíritu,
y se oponen a el. Vemos que los santos más débiles e insuficientes
en la Iglesia de Dios dependen más en Jesucristo y en Su Iglesia.
Al igual que los niños dependen en sus padres, los hijos de Dios
dependen de Su Iglesia. Se debe a que no creen en el evangelio del
agua y el Espíritu por lo que los incrédulos llegan a abandonar
la Iglesia de Dios. ¿Qué hay con el estado de sus espíritus? Sus
almas se sienten incomodas mientras habitan en la Iglesia de Dios
porque tienen pecado en su corazón aunque profesan creer en Jesús.
Así, que llegan a concluir, “Este no es mi lugar para quedarme y
no es mi casa. Esta gente no es mi familia. Mi fe es totalmente
diferente de aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu.
Yo más bien prefiero ir a un lugar en donde la gente apruebe mi
fe. Es muy duro estar aquí un momento más.”
Es así como se dirigen hacia el mundo lejos de la Iglesia del Señor
por no someter sus pensamientos ante Su Palabra. Eventualmente salen
de la Iglesia de Dios por no creer en el evangelio del agua y el
Espíritu del cual habla la Biblia. Nuestro Señor, el Profeta, ya
nos ha enseñado el evangelio verdadero para nuestra salvación. Pero,
ellos no han sido salvos de todos sus pecados ya que ni creen, ni
siguen el evangelio del agua y el Espíritu como es. Esos enemigos
de Dios rechazan el amor de Cristo y terminan corriendo de la Iglesia
de Dios ya que no tratan de guardar Su amor en sus corazones; debido
a que no admiten la Palabra de la salvación; y debido a que no creen
que Jesús es el Salvador. La única razón para que ellos se separen
de la Iglesia de Dios es que no creen en el evangelio del agua y
el Espíritu. Ellos, como resultado, se degradan a sí mismos ante
los siervos de Satanás, debido a su propia fe que esta construida
sobre sus propios pensamientos.
No pueden hacer otra cosa que separarse de la Iglesia de Dios debido
a que son enemigos de Dios. No hay otra razón aparte de esa. Ellos
se convirtieron en gente miserable que no hizo otra cosa que oponerse
a Dios y a Sus santos cuando abandonaron Su Iglesia.
No podemos olvidar cada nombre y cada cara de los miembros de nuestra
familia no importa por cuanto tiempo no los hayamos visto. En Corea,
existen dos grandes festivales folklóricos en el cual todos los
miembros se reúnen en la casa del jefe de la familia. Así que, durante
esos tiempos, es normal que todos los Coreanos traten de regresar
a la casa de sus padres a través del pesado trafico por toda la
nación. ¿Por qué hacen eso? Se extrañan unos a otros por el apellido
familiar. Aún existen muchas familias dispersadas debido a la guerra
de Corea (1950-1953). Medio siglo ha pasado, pero no pierden la
esperanza de encontrar nuevamente a su familia dispersada. ¡Cómo
anhelan sus familias y sus pueblos! Se dice, “La sangre es más espesa
que el agua.” Todo esto se debe a que ellos son una familia.
Ninguno de los nacidos de nuevo puede vivir solo. Ellos deben encontrar
sus familias espirituales algún día y compartir el gozo dado por
Dios unos con otros. Por lo tanto, si alguien abandona su familia
por su propia voluntad, significa que el nos los considera más como
su familia. Y aquellos que permanecen en la Iglesia de Dios deben
saber que la razón por la cual tal gente no puede evitar separase
de Su Iglesia se debe a su rechazo del amor de Cristo.
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¿Quiénes son los enemigos de Cristo? |
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Son aquellos que no creen que Jesucristo es el Hijo de Dios.
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Ahora, el Apóstol Juan trata con los enemigos de Cristo en detalle.
¿Quiénes son los enemigos de Cristo? Él responde, “Son aquellos
que no creen que Jesucristo es el Hijo de Dios. Ellos son los anticristos
y los enemigos de Jesús.” Él dijo, en otras palabras, “Si alguien
cree que Jesús es el Hijo de Dios, también cree en el Padre que
lo envió. Pero si no es así, tampoco cree en Dios Padre ya que no
cree en el Hijo. Por lo tanto, tal persona es un mentiroso y un
anticristo.” Está escrito que muchos anticristos se levantaran en
los últimos días, y esto ha sucedido en las comunidades Cristianas
desde la Iglesia Primitiva hasta el Cristianismo actual.
Podrás pensar, “Cómo se atreve a decir eso entre Cristianos, ¡Existen
aquellos que no creen que Jesús es el Hijo de Dios! Cada Cristiano
cree de esta manera.” Pero, desafortunadamente, esta no es la situación.
Vemos que la fe de los Cristianos de los países Europeos Occidentales
ya ha sido quebrantada. Son los países en donde una vez el Cristianismo
alcanzó su máximo nivel durante los últimos cuatro-cinco siglos.
¿Por qué la fe de los Cristianos Occidentales termina colapsándose?
Si examinamos su fe actual, podemos descubrir que muchos de ellos
no creen que Jesús es el Hijo de Dios. Ellos no pueden creer toda
la Palabra de Dios debido a que no creen en esta Verdad básica.
También en la Iglesia Primitiva, existían muchos que no creían
que Jesús era el Hijo de Dios.
¿Crees que Él es el Hijo de Dios? Para los creyentes, es más fácil
creer que respirar. Pero, pero para una persona desconfiada, nada
puede hacerle que crea. Tal persona se convierte en el enemigo de
Cristo debido a su propia incredulidad, y eventualmente abandona
la Iglesia de Dios.
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¿Quién creó el universo y este mundo? |
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Jesucristo lo hizo. Junto con el Padre y el Espíritu Santo,
Él creó el universo con el poder de Su
Palabra. |
En cada país, existen denominaciones Cristianas o sectas que no
creen en Jesús como el Hijo de Dios. Sus miembros profesan públicamente
su Cristianismo, aunque realmente no creen que Jesús es Dios Mismo
y el Hijo de Dios. Dicen, “Jesús no es Dios, sino un ser humano.
Meramente es un hijo de Dios, pero no el Creador. Él es un ser humano
igual que nosotros.” Niegan completamente Su Divinidad. Dicen que
Dios es una sola persona que sé llama ‘Jehová,’ y que no existe
otro Dios como el Hijo o cualquier otro. ¡Que idea tan salvaje es
esta! Deben ignorar la palabra ‘Jehová.’
‘Jehová’ significa ‘Yo soy el que soy.’ Dios se identifica a Sí
Mismo como ‘Aquel que existe por Sí Mismo,’ y por consiguiente,
Él no es Aquel que es hecho por otro ser. Por lo tanto, aquellos
que no creen en Jesús como el Hijo de Dios son aquellos que no creen
en Dios, el Padre de Jesucristo.
Dios Padre dijo, “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este
es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). Por
lo tanto, si alguien admite que Jesús es Dios, significa que también
admite al Padre. Por otro lado, si alguien no cree en el Hijo, significa
que también niega al Padre. Pero, desafortunadamente, muchos seudo-Cristianos
sé levantaron, los cuales tienen esta clase de fe rara. Por lo tanto,
el Apóstol Juan comenzó a explicar quienes eran los anticristos
detalladamente.
Pensemos acerca de esto: “¿Realmente crees que Jesucristo es el
Hijo de Dios?” Si, así lo creemos. Pero puede ser imposible para
aquellos que no tiene el Espíritu Santo en sus corazones el creer
esta Verdad. Jesucristo es nuestro verdadero Salvador. Ciertamente
Él es el Hijo de Dios. Ciertamente Él es el Creador. Sin embargo,
ellos no pueden creer en Jesús como lo dice la Biblia, ya que la
Escritura dice, “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según
el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si
alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9).
Podrán admitir que Jesús es el Hijo de Dios con sus labios,
pero no podrán ser capaces de creer la Verdad en sus corazones cuando
no saben que Él es su Señor, quién ha borrado todos sus pecados
por el agua, la sangre y el Espíritu. La mayoría de los Cristianos,
aunque profesan a Jesús muy bien con sus labios, realmente son escépticos
acerca de la Verdad de que Jesús murió en la Cruz y fue resucitado,
cuando tratan de creer en su corazón esta simple Verdad.
¿Porque es tan difícil para ellos creer? Se debe a que no han recibido
la remisión de sus pecados creyendo en el evangelio del agua y el
Espíritu. Cuando creemos que Jesús nos ha salvado de todos nuestros
pecados al recibir Su bautismo, morir sobre la Cruz y resucitando
en tres días, fácilmente podemos creer que estamos muertos juntamente
con Jesús y nos levantaremos nuevamente con Él debido a que hemos
pasado todos nuestros pecados a Él por fe. Pero, aquellos, que no
creen en el evangelio del agua y el Espíritu no pueden creer el
hecho que morirán y se levantaran cuando tratan de aplicar esta
Verdad a sí mismos. Si tratan de creer esto con su propia voluntad,
se vuelven más escépticos. Alguien que no tiene el Espíritu de Cristo
no puede creer que Jesús es el Hijo de Dios y Dios Mismo.
En la Era de la Iglesia primitiva, los Judíos no creían que Jesús
era el Hijo de Dios. Solo pensaban que Él era una persona respetable.
La mayoría de los Israelitas de hoy piensan así. No aceptan a Jesús
como su Salvador. Es por ello que han sufrido muchas tribulaciones.
Pero, ellos creerán que Jesús es el único Salvador que los protegerá
y los guiara al Cielo, cuando venga el Anticristo y destruya a Israel.
Entonces, ellos admitirán que Jesús es el Hijo de Dios, Dios Mismo,
el Salvador, y el mismísimo Mesías que vendría.
En la iglesia en donde ministraba el Apóstol Juan, había gente
que no tenía la misma fe que tenía él. Eventualmente dejaron la
Iglesia de Dios. Juan explicó que su obra era manifestar que ellos
no compartían la fe con él. Por lo tanto, él advirtió a sus compañeros
santos que tuvieran cuidado con los anticristos, esto es, los enemigos
de Dios y de su fe.
1 Juan 2:20 afirma, “Pero vosotros tenéis la unción del Santo,
y conocéis todas las cosas.” Este pasaje quiere decir que cualquiera
que ha recibido la remisión de los pecados creyendo en el evangelio
del agua y el Espíritu recibe el Espíritu Santo, y que con la ayuda
del Espíritu Santo, él sabe todas las cosas –que Jesús es el Hijo
de Dios y es Dios Mismo, que Su Padre también es nuestro Padre,
y que Él se convirtió en nuestro Salvador y Señor al venir a este
mundo, recibir Su bautismo para tomar nuestros pecados, derramando
Su sangre hasta morir sobre la Cruz, y levantándose de entre los
muertos.
Ahora, tú y yo hemos sido ungidos en nuestro corazón. Cristo significa
‘el Ungido,’ y ahora somos verdaderos Cristianos que hemos sido
ungidos por el Espíritu Santo. Nosotros, los Cristianos nacidos
de nuevo, hemos recibido la remisión de los pecados. Como resultado
de ello, recibimos el morar del Espíritu Santo creyendo en el evangelio
del agua y el Espíritu, igual que Jesús fue ungido por el Espíritu
Santo. Por lo tanto, llegamos a saber todas las cosas: Llegamos
a saber quién es Jesús; Quién es el Padre de Jesucristo; Lo que
es el evangelio del agua y el Espíritu. Ahora podemos discernir
el evangelio verdadero del falso.
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¿Cual es el propósito del Apóstol Juan para escribir su primera
Epístola? |
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Es para que aquellos que conocen la Verdad no sean engañados.
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Ahora, el Apóstol Juan esta preguntando cuál es el propósito para
escribir 1 Juan: “No os he escrito como si ignoraseis la verdad,
sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la
verdad” (1 Juan 2:21). Cuando él menciona este pasaje,
implica que hay muchos incrédulos, en otras palabras, los enemigos
de Dios en Su Iglesia. Así, él advierte que los santos deben mantenerse
al cuidado de los enemigos de Dios para que no sean engañados. En
concreto, el tema principal de 1 Juan es para que los verdaderos
santos no sean engañados por los anticristos que llegaron a la Iglesia
de Dios silenciosamente y habitaron entre los nacidos de nuevo.
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No debemos convertirnos en los enemigos de Cristo. Entonces,
¿cómo podemos prevenir que nosotros mismos nos convirtamos en
Sus enemigos? |
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La única forma para que nosotros no seamos Sus enemigos es creyendo
en el evangelio del agua y el Espíritu. |
1 Juan 2:22 dice, “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega
que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre
y al Hijo.” ¿Quién, dice la Biblia, que es un mentiroso? Se
dice que un mentiroso es aquel que niega al Padre y al Hijo. Aquel
que niega que Jesús es el Cristo es el mismísimo anticristo y el
mentiroso.
Jesús, el Hijo de Dios y el Rey de reyes, vino a este mundo en
semejanza de hombre, y nos enseñó toda la Verdad: Él nos enseñó
el principio y el fin del universo; cómo recibir la remisión del
pecado; y como ser bendecido o maldecido. Él nos ha salvado de todos
nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y al derramar
Su sangre sobre la Cruz. Por lo tanto, aquellos que niegan que Jesucristo
llegó a ser nuestro verdadero Salvador al ser bautizado y al derramar
Su sangre, ellos son los mismísimos anticristos. Ellos son los que
niegan al Padre y al Hijo.
El Señor dijo, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que
ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree,
no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Sin embargo,
existen aquellos que niegan esta Verdad. La palabra ‘negar algo’
significa ‘no creer algo aunque lo conoce.’ Tal persona es el mismísimo
anticristo, esto es, el enemigo de Jesucristo.
Tenemos que creer en Jesucristo. No debemos oponernos a Él ni convertirnos
en Sus enemigos. Puede ser que alguna vez te conviertas en enemigo
de un amigo o de los miembros de tu familia. Pero, una vez que te
conviertes en enemigo de Jesucristo, entonces recibirás condenación
eterna de Él. No habrá forma de que recuperes tu fe, y solo calamidad
y maldiciones té aguardarán desde la vida presenta hasta la vida
futura. Es por ello que no debes convertirte en un enemigo de Jesucristo,
y para evitar que ocurra eso, tienes que creer en Él: tienes que
creer que Jesús es el Cristo, que Él vino como el Rey, como el Profeta
y como el Sumo Sacerdote; y que Él nos salvó a través del evangelio
del agua y el Espíritu. Cualquiera que no crea esto no pude evitar
convertirse en Su enemigo.
También está escrito, “Mas a todos los que le recibieron, a
los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos
de Dios” (Juan 1:12). ‘Recibirle’ significa ‘creer en Él,’ mientras
que ‘negarle’ significa ‘no creer en Él.’
Él dejó Su Gloria en el Cielo, y se hizo carne para salvarnos,
a la humanidad, de todos nuestros pecados. Durante Sus 33 años de
vida sobre esta tierra, habiéndose compadecido de nuestras debilidades,
Él fue bautizado, crucificado y resucitado de entre los muertos
para cumplir nuestra salvación. ¿Cómo, entonces, no creer en Él?
¿Por qué razón podemos negarle a Él? ¿Por qué excelencia te vuelves
arrogante y le niegas a Él? No tengo idea del porqué la gente de
este mundo es demasiado arrogante para no creer en Jesús.
Estábamos condenados a ir al infierno, pero Jesús sé compadeció
de nosotros y sé ofreció a Sí Mismo como la propiciación por nuestros
pecados. Para hacernos sin pecado e hijos de Dios a quienes viviremos
felizmente con Él en Su Reino, Él vino a este mundo, fue bautizado
y murió sobre la Cruz, y resucitó de entre los muertos para darnos
Su perfecta salvación. ¿Cómo, entonces, no creer en Él? Puede que
no creas en Él si te crees grande y poderoso que te crees capaz
de entrar en el Cielo por ti mismo, pero si no, yo espero que creas
en Él. Esta es la única manera para que te conviertas en Su enemigo.
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¿Quién niega que Jesús es el Hijo de Dios? |
Lo hacen los enemigos de Jesucristo.
Ellos no creen que Él es Dios. |
1 Juan 2:23 dice, “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene
al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.”
Si no lo niegas y crees que Jesús es el Hijo de Dios, y que Él
te ha salvado de todos tus pecados al tomarlos con Su bautismo,
Su muerte sobre la Cruz y Su resurrección de entre los muertos,
entonces, el Padre de Jesús se convierte en tú Padre. Escrito está,
“El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.” Por lo
tanto, tú y yo primero debemos reconocer al Hijo. ¿Reconoces que
el Hijo de Dios es el verdadero Salvador tuyo y mío? ¿Crees que
Él nos ha salvado al borrar todos nuestros pecados a través del
agua, la sangre y el Espíritu Santo? –Si.– Si no crees esto, entonces
tú eres el enemigo de Dios y un anticristo.
Entre los teólogos de la actualidad, existen muchos que discuten
que Jesús no es Dios, y que creer en Él no es el único camino para
entrar al Cielo. Insisten en que cada religión tiene su propio camino
a la salvación. Los llamamos los religiosos pluralistas del Cristianismo.
El diacono de un seminario teológico famoso en Corea una vez dijo
que Jesús realmente no había resucitado. Esto significa que Él no
es el Hijo de Dios y no es Dios Mismo. Francamente hablando, tal
gente es la que no cree en Él. Piensan que Jesús fue simplemente
un revolucionario. Realmente, existen muchos teólogos que piensan
que Jesús es un revolucionario muy respetable o un filosofo muy
honorable. Ellos son los que públicamente niegan a Jesucristo.
Por lo tanto, Juan el Apóstol dice en la Escritura de hoy, “Realmente
conócenos la Verdad. Si existe alguna gente que no cree en el Hijo
de Dios, ellos son los mismísimos anticristos y los enemigos de
Dios quienes también niegan al Padre. Ellos saldrán para manifestar
que ninguno de ellos es de nosotros. Debido a que conocemos la Verdad,
podemos aprender una buena lección de tales incidentes, y no seremos
engañados por ellos y compartir su fe.” Debemos saber que también
nos convertiremos en anticristos si no creemos en Jesús como el
Hijo de Dios.
El Apóstol Juan declara más adelante, “Porque todo lo que es
nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido
al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que
cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino
mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante
agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el
Espíritu es la verdad” (1 Juan 5:4-6). Por lo tanto, si no creemos
en el evangelio del agua y el Espíritu, en otras palabras, nos convertiremos
en enemigos de Dios.
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¿Cual es el mismísimo evangelio que los Apóstoles escucharon
desde el principio? |
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Es el evangelio que vino por el agua, la sangre y el Espíritu.
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Juan dice, “Lo que habéis oído desde el principio, permanezca
en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece
en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre”
(1 Juan 2:24). Entonces, ¿qué es aquello que oímos desde el
principio? Para tener la respuesta correcta, necesitamos examinar
primero el pasaje de 1 Juan capitulo 5.
1 Juan 5:4-8 afirma, “Porque todo lo que es nacido de Dios vence
al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra
fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús
es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua
y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre.
Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la
verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo:
el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y
tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua
y la sangre; y estos tres concuerdan.”
Escrito está, “¿Quién es el que vence al mundo, sino el que
cree que Jesús es el Hijo de Dios?” Este pasaje significa que
si Jesús no es verdaderamente el Hijo de Dios, todo lo que Él ha
hecho por nosotros sobre esta tierra no significaría nada: Que Él
fue bautizado, crucificado y resucitado de entre los muertos se
nulifica, y no tiene nada que ver con nosotros.
Sin embargo, la verdadera Palabra de Dios dice que Dios Padre amó
tanto al mundo que Él dio a Su Hijo Unigénito para salvarnos de
todos nuestros pecados; Él hizo que Su Hijo sé bautizara, lo crucificaran
y resucitara en orden para borrar los pecados del mundo. Ya que
así, Él nos ha liberado de la destrucción y nos dio vida eterna.
Por lo tanto, debemos creer que Jesús es el Hijo de Dios.
Jesús no es Dios Padre. Existe el Padre de Jesús. Jesús es el Hijo
de Dios, pero Él es el Creador. Él es el Dios Creador en Su habilidad
y estatus. Sin embargo, Él abandono Su glorioso prestigio, vino
a este mundo en semejanza de hombre, y nos salvó con el agua, la
sangre y con el Espíritu Santo. “Este es Jesucristo, que vino
mediante agua y sangre.” Jesucristo nos ha salvado al venir
por el agua y por la sangre.
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¿Cómo vino el Hijo de Dios a ti y a mi? |
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Él vino por agua y sangre. |
Entonces, ¿qué significa “Él vino por el agua, la sangre y el Espíritu?”
Esto significa que Jesucristo, el Hijo de Dios, nació en este mundo
en semejanza de hombre, recibió el bautismo de Juan el Bautista
para tomar todos los pecados del mundo sobre Su cuerpo, y salvó
a la humanidad de todos nuestros pecados muriendo sobre la Cruz.
Esta es la salvación que Jesús nos ha dado al venir por el agua
y la sangre. Queridos compañeros Cristianos, ¿cómo vino Jesús a
nosotros? ¿Vino Él por el agua y la sangre? Sí, Él vino por el agua
y la sangre. ¡Aleluya!
Jesucristo es nuestro Salvador. Él vino a nosotros por el agua,
la sangre y el Espíritu. Así que la Biblia dice, “no mediante
agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el
que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque
tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo
y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que
dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y
estos tres concuerdan.”
¿De que da testimonio el Espíritu Santo? Da testimonio de la Verdad
que Jesús vino por el agua y la sangre para salvarnos de todos nuestros
pecados. ¿De que dan testimonio en acuerdo el agua, la sangre y
el Espíritu Santo? Los tres dan testimonio de la Verdad que hemos
sido salvados por el bautismo de Jesús y Su muerte sobre la Cruz.
Cuando tenemos fe en el evangelio del agua y Espíritu, en otras
palabras, cuando creemos en el Hijo de Dios quien vino por agua
y sangre, somos sellados con la fe correcta en nuestro corazón por
el Espíritu Santo.
Dios Padre envía el regalo del Espíritu Santo a aquellos que reciben
la remisión de los pecados creyendo en Jesús, quién vino por el
agua y la sangre, como su Salvador. Por lo tanto, escrito está,
“Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu,
el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.” ¿Cuál es la evidencia
que da testimonio de nuestra salvación? ¿Qué es lo que oímos desde
el principio? Ellos son, “el Espíritu, el agua y la sangre.” Cuando
creemos en Jesús que vino por agua y sangre, podemos creerle a Él
como el Hijo de Dios y como nuestro perfecto Salvador. Cuando creemos
que Jesús fue bautizado, murió sobre la Cruz, y resucitó de entre
los muertos para salvarnos de todos nuestros pecados, el Espíritu
Santo junto con Dios Padre nos hizo saber la fe correcta en nuestro
corazón.
Dios Padre da el regalo del Espíritu Santo cuando recibimos la
remisión de los pecados por fe. Esta es la unción del Espíritu Santo.
Nosotros somos aquellos que hemos sido ungidos por el Espíritu Santo,
y por lo tanto, hemos llegado a ser los hijos de Dios.
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¿Cual fue el evangelio que los Apóstoles nos pasaron?
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Fue el evangelio del agua y el Espíritu en el cual creemos ahora.
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“Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros.
Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros,
también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre” (1 Juan
2:24). ¿Qué es aquello que hemos oído desde el principio? Es
Jesucristo quién vino por el agua, la sangre y el Espíritu Santo.
El Apóstol Juan da testimonio que nuestra salvación ha sido realizado
por el agua, la sangre y el Espíritu. Este es el evangelio que el
Apóstol Juan predicó desde el principio.
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¿Que significa el bautismo que Jesús recibió de Juan?
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Significa que Jesús tomó todos los pecados del mundo sobre Su
cuerpo de una vez por todas. |
También el Apóstol Pedro dijo, “El bautismo que corresponde
a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne,
sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por
la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:21). Por lo tanto,
podemos confirmar que el evangelio original que predicaban los Apóstoles
desde el principio es el evangelio del agua y el Espíritu. Es el
evangelio del bautismo de Jesús y de Su sangre sobre la Cruz. Cuando
creemos esto, llegamos a recibir el regalo del Espíritu Santo.
En Hechos 2:38, el Apóstol Pedro dijo, “Pedro les dijo: Arrepentíos,
y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para
perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”
Los Judíos de ese tiempo podían recibir la remisión de los pecados,
por lo tanto, ellos recibían el regalo del Espíritu Santo cuando
admitían sus malas acciones, se arrepentían de sus caminos de fe,
y creían que Jesús el Hijo de Dios había tomado todos sus pecados
con Su bautismo y había pagado toda la deuda por los pecados al
morir sobre la Cruz. El evangelio del agua y el Espíritu es el único
evangelio verdadero que los Apóstoles predicaban desde el principio.
Bienaventurados aquellos que también creen en este evangelio original.
Dios Padre nos ha sellado a nosotros los verdaderos creyentes en
el evangelio del agua y el Espíritu, y nos protege hasta que lleguemos
al Reino del Cielo.
Ahora, Juan el Apóstol sinceramente nos exhorta a todos nosotros,
“Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros”
(1 Juan 2:24). Tú y yo debemos dejar que el verdadero evangelio
habite en nuestro corazón, el cual oímos desde el principio. Este
es el único evangelio verdadero que nunca cambiara o se anulara.
¿Cómo sabemos que el evangelio del agua y el Espíritu es el evangelio
original que escucharon los Apóstoles desde el principio? Se debe
a que los Apóstoles Juan, Pedro y Pablo confesaron comúnmente su
fe en este evangelio verdadero y original (1 Juan 5:3-7, 1 Pedro
3:21, Romanos 6:1-3, Gàlatas 3:27).
Los Apóstoles recibieron la remisión de los pecados cuando escucharon
y creyeron solamente en el evangelio del agua y el Espíritu. Y nosotros
también podemos recibir el Espíritu Santo cuando somos limpiados
en nuestro corazón creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu.
El Espíritu Santo no viene con un sentimiento de fuego ardiente.
Él desciende en el corazón de aquellos que creen en el evangelio
del agua y el Espíritu. Dios Padre envía el Espíritu Santo a los
corazones de los creyentes y los sella con el Espíritu Santo. Ya
que así, tu y yo también llegamos a estar sin pecado y pudimos entender
lo que la Palabra de Dios realmente significaba con Su ayuda.
Juan continuo, “Os he escrito esto sobre los que os engañan”
(1 Juan 2:26). Él señalo que había gente que trataba de engañar
a los santos de la Iglesia Primitiva. Es por ello que trató de recordarles
el evangelio verdadero que fue oído desde el principio una y otra
vez. Fue para permitir que el verdadero evangelio del agua y el
Espíritu permaneciera firme en sus corazones, y que ningún mentiroso
los pudiera engañar más. Ahora, estoy seguro que puedes entender
porqué el Apóstol Juan dijo a sus santos compañeros, “Lo que
habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que
habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros
permaneceréis en el Hijo y en el Padre. Y esta es la promesa que
él nos hizo, la vida eterna.” Y él continua enseñándoles, “Pero
la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros,
y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción
misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira,
según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Juan 2:27).
Ahora, necesitamos que una cosa habite en nosotros, y es el amor
de Dios que nos trajo la vida eterna.
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¿Cómo nos salvó el Señor de nuestra confusión, vacío, y tinieblas?
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Él nos salvó de nuestra confusión, vacío y tinieblas con el
evangelio del Agua y el Espíritu. |
La Biblia claramente afirma que el Señor nos ha salvado de todos
nuestros pecados a través del agua, la sangre y el Espíritu Santo.
Esta Verdad es hablada constantemente a nosotros desde la Creación..
La Biblia nos dice en Génesis 1:1-3 la salvación de Cristo: La luz
estaba brillando sobre la tierra que estaba sin forma, vacía y en
tinieblas. La Luz es Jesús Mismo y Su amor (Juan 1:1-10). Dios nos
ha dicho acerca del verdadero evangelio desde el principio.
Sin embargo, la mayoría de nosotros hemos sido enseñados con los
falsos evangelios desde el principio debido a que han existido muchos
falsos predicadores con la fe equivocada. La mayoría de nosotros
ni siquiera habíamos escuchado que había un evangelio del agua y
el Espíritu desde el principio. Solíamos tener fe solamente en la
sangre de la Cruz. Pero, francamente hablando, tal fe no podía limpiar
todos los pecados de nuestro corazón. En concreto, la mayoría de
nosotros solíamos tener una fe mal dirigida y no sabíamos que Jesús
había limpiado todos nuestros pecados con el agua, la sangre y el
Espíritu Santo.
No debemos guardar tales falsos evangelios en nuestro corazón.
Queridos compañeros Cristianos, el pasaje “lo que habéis oído
desde el principio, permanezca en vosotros” no significa que
debas guardar el falso evangelio que escuchaste desde el principio.
La única forma en la que puedes tener nueva vida y habitar en Dios
Padre es morando en el evangelio del agua y el Espíritu. Si escuchaste
el evenagelio verdadero que té permitió habitar en el Padre y en
el Hijo, entonces debes tenerlo en mente desde que lo escuchaste
por primera vez. Hemos sido capaces de habitar en el amor de Cristo
desde el mismo momento en que ciertamente nacimos de nuevo por el
agua y el Espíritu.“Lo que habéis oído desde el principio, permanezca
en vosotros” significa, por lo tanto, que debemos guardar el
evangelio del agua y el Espíritu desde la primara vez que escuchamos
y verdaderamente recibimos la remisión de los pecados creyendo en
ello con nuestro corazón.
El Apóstol Juan eventualmente habló del amor de Cristo que había
venido por el evangelio del agua y el Espíritu, aunque usó varias
expresiones. En el amor de Cristo, Dios nos ha dado vida eterna,
Su salvación perfecta, y nos convirtió en Su familia y en Su pueblo.
Él nos ha dado todas estas bendiciones dentro del amor de Jesucristo.
Existen muchos mentirosos que tratan de engañarte con sus falsas
enseñanzas. Son del poder secreto de la ilegalidad (2 Tesalonicenses
2:7) que trata de arrastrarte hacia los caminos de la destrucción.
Debes rechazarlos a ellos y a sus enseñanzas por fe para que no
seas engañado. Si verdaderamente habitas en el amor de Cristo teniendo
fe en el evangelio del agua y el Espíritu, entonces podemos rechazar
toda clase de mentiras en este mundo; podemos discernir todas la
mentiras desde la Verdad, lo que es malo y lo que es bueno, cuando
los examinamos desde la perspectiva del amor de Cristo que ha venido
por el evangelio del agua y el Espíritu.
Sin embargo, no podemos discernir entre la Verdad y las mentiras
con nuestra propia voluntad o pensamientos aparte del amor de Jesucristo.
Si el amor de Dios no habita en nuestro corazón, no podemos mas
que depender en nuestros propios pensamientos, y discriminar las
mentiras de la Verdad. En el amor de Cristo está la Verdad, la salvación,
la vida eterna, y todas las demás bendiciones del Cielo.
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¿Conque desvían a la gente los engañadores? |
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Desvían a la gente con los falsos evangelios, los cuales no
son la Verdad. |
El Apóstol Juan dice, “Os he escrito esto sobre los que os engañan”
(1 Juan 2:26). Los engañadores están enseñando los evangelios
falsos aparte del verdadero evangelio del agua y el Espíritu. Realmente,
los evangelios falsos que predican no tienen nada que ver con el
evangelio. Ellos abogan la hipótesis a su propia manera. Han desarrollado
su propia lógica con sus pensamientos separados de la voluntad e
Dios y del amor de Cristo.
Sin embargo, aquellos que habitan en el amor de Cristo no insisten
en su propia justicia, sino predican el amor de Dios y esparcen
la Palabra de la Verdad de Dios. En Su amor, el Señor nos ha dado
remisión eterna de los pecados y el autentico amor entre hermanos
y hermanas. En el amor de Cristo, debemos discernir la Verdad, el
amor verdadero y el verdadero evangelio, y creerlo para unirse a
Cristo y los unos con los otros.
Si tenemos todo lo que necesitamos, pero no tenemos el amor de
Dios que vino por el evangelio del agua y el Espíritu, entonces,
esto significa que no tenemos nada. No importa que tan bien memoricemos
los pasajes en la Biblia, que tan bien prediquemos la Palabra de
Dios, si no sabemos como Jesucristo nos ha amado y salvado con el
evangelio del agua y el Espíritu.
Cuando amamos las almas perdidas así como a los hermanos y hermanas
en Cristo con Su amor, podemos compartir una verdadera comunión
unos con otros, unirnos unos con otros, y recibir las bendiciones
de Dios. Pero por el amor de Cristo, no nos da una ganancia. Para
nosotros, el evangelio del agua y el Espíritu mismo es el amor de
Cristo. Verdad, salvación y el amor de Cristo no son tres cosas
diferentes. En Su amor, todo ha sido realizado.
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Entonces, ¿aquel que ha recibido el Espíritu Santo no necesita
mas enseñanza? |
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No. Él debe aprender y ser enseñado por los predecesores en
la fe. |
El Apóstol Juan continua en 1 Juan 2:27-28, “Pero la unción
que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis
necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña
todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os
ha enseñado, permaneced en él. Y ahora, hijitos, permaneced
en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que
en su venida no nos alejemos de él avergonzados.” Este pasaje
significa, “Solo la unción, la cual es verdadera y no es mentira,
les enseña todas las cosas que interesan, por lo tanto, tienes que
habitar en el Señor, así como te ha enseñado.” Aquel que nos unge
es el Espíritu Santo. Él viene al corazón de aquellos que nacen
de nuevo por el agua y el Espíritu, y enseña y nos guía a todas
las cosas que interesan. Su enseñanza no es mentira, sino verdadera;
por lo tanto, tenemos que habitar en el Señor como hemos sido enseñados.
Entonces, algunos pueden pensar, “Ahora el Espíritu Santo habita
en nuestro corazón, los nacidos de nuevo, y nos enseña todas las
cosas, por lo tanto, ¡No tenemos que aprender de nadie! ¡Aprender
algo de otros solo puede hacer que me desvié!” Este no es el caso.
Desde luego, cada uno de los nacidos de nuevo ha recibido el Espíritu
Santo. Pero debido a que los más jóvenes espiritualmente aún no
pueden distinguir las cosas espirituales de las carnales, deben
aprender de sus predecesores en Cristo. Ellos pueden aprender y
enseñar unos a otros ya que tienen el Espíritu Santo en sus corazones.
Pero no pueden enseñar aquellos que no conocen el amor de Cristo
y cuyos corazones están engañados por los falsos maestros. Y los
nacidos de nuevo no pueden aprender ninguna verdad de aquellos que
todavía no nacen de nuevo.
Hace mucho tiempo, conocí a un pastor que estaba trabajando para
IVF, un ministerio universitario, y compartimos la Palabra de Dios
en la casa del Pastor Samuel Kim. Él no había nacido de nuevo. Cuando
el Pastor Kim y su esposa dieron testimonio ante el pastor de cómo
habían nacido de nuevo por el agua y el Espíritu, él me retó con
el pasaje anterior, diciendo, “Aquí la Biblia dice que el ungido
no necesita ser enseñado. Entonces, ¿no tienes nada que enseñarles
a estos dos, correcto?” Él quería decir que no había nada más que
enseñar y compartir comunión con el Pastor Kim y su esposa.
Pero el pasaje de 1 Juan 2:27 no significa eso. Aquellos que han
nacido de nuevo no necesitan aprender más las mentiras de los falsos
maestros, pero ahora es imperativo para los recién nacidos de nuevo
que aprendan la Verdad en detalle de sus predecesores que han nacido
de nuevo antes que ellos.
Este pasaje explica que debemos aprender la Verdad de la Palabra
después de venir ante el amor de Cristo. Pero no necesitamos más
aprender las mentiras. Tenemos que aprender cada detalle único en
lo que concierne a la Verdad del evangelio dela agua y el Espíritu
desde el momento en que llegamos a conocer el amor de Cristo. Pero
no tenemos nada que aprender de los engañadores que no conocen el
amor de Cristo. En otras palabras, los nacidos de nuevo no tienen
nada que aprender de aquellos que no han nacido de nuevo, y estos
pecadores no tienen nada que enseñar a los justos que han recibido
al Espíritu Santo.
Algunos narcisistas, que no han nacido de nuevo, ni siquiera se
dan cuenta porque no pueden enseñar a nadie ni hacer nada más que
hablar enfermamente de nosotros, diciendo, “¡Qué insensatez! ¡No
existe un currículo, ninguna facultad! ¿Qué enseñan y que aprenden
en un lugar en donde ni siquiera enseñan la historia del Cristianismo?”
Yo puedo decirle a esa gente firme y atrevidamente que la razón
por la cual no pueden enseñar esa basura de ‘las llamadas’ figuras
grandes del Cristianismo como Calvino, Lutero, Mateo Enrique, Darby
o Spurgeon, se debe a que sus enseñanzas y sus doctrinas expresamente
carecen de significado y están llenas de mentiras.
Solo la Verdad de la Palabra que nos guía a nacer de nuevo vale
la pena aprender y enseñar. Debemos enseñarla. El no enseñarla es
una gran maldad ante Dios. Es por ello que yo nunca he enseñado
tal basura de este mundo a los nacidos de nuevo. Acabo de abrir
la Biblia y compartir la Palabra de Dios que nos guía a nacer de
nuevo, nos hace libres de todos los pecados y nos unge con el Espíritu
Santo.
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¿Dónde habita el Espíritu santo? |
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Él habita en los corazones de aquellos que concretamente recibieron
la remisión del pecado. |
El Espíritu Santo habita en los corazones de aquellos que han recibido
la remisión de los pecados. Él solo obra dentro de la Palabra de
Dios. Él también obra en la fe de aquellos que llevan el amor de
Cristo, esto es, que dan testimonio de la salvación de Dios revelada
en el amor de Cristo. Al vivir en nuestro corazón, Él nos ayuda
a entender la Palabra de Dios cuando la escuchamos, y nos motiva
a predicar la Palabra a otras almas. Él desea que entendamos la
voluntad de Dios total y correctamente.
El Espíritu Santo nos enseña la Verdad de la Palabra escrita en
la Biblia, y hace que la entendamos. Así, Él nos salva creyendo
en ella y nos dice que prediquemos la Verdad de la Palabra por fe.
Él hace que vivamos de acuerdo a la Palabra, y a rechazar lo que
tenemos que rechazar de acuerdo a la Verdad. Él obra toda cosa buena
dentro y de acuerdo a la Palabra de Dios.
Queridos compañeros santos, ¿han nacido de nuevo creyendo en el
evangelio del agua y el Espíritu? Entonces, tienes que aprender
más acerca de todos los pasajes de la Biblia, ser guiado más detalladamente,
ser más amado en Su Iglesia, y recibir más amonestaciones y reprensiones.
Así, yo estoy enseñando a mis queridos compañeros creyentes, obreros
y ministros con una orientación doble. Una es el amor de Dios, y
la otra es una instrucción estricta.
Cuando mis compañeros creyentes necesitan ser enseñados con edificación
estricta, entonces lo hago estrictamente sin dudar. Con la Palabra
de Dios, los reprendo tan severamente como puedo. Siempre que me
encuentro con un creyente necio en mi congregación, lo reprendo
para hacerlo humilde ante Dios. No es porque lo odie, sino es para
hacerle conocer el amor de Cristo. Yo puedo ser severo con tales
discípulos debido a que mi corrección está basado sobre el amor
de Cristo. Por lo tanto, cuando necesitamos disciplinar a nuestros
discípulos y queremos hacerles saber la Verdad, nosotros, los lideres,
debemos practicar está disciplina dual.
Cuando mis discípulos están cansadísimos, y van a abandonar sus
vidas de fe, no los encaro con una mirada estricta. En tales casos,
yo me siento y me disculpo con ellos, aunque yo no tenga nada que
ver con su situación o con sus debilidades. Consuelo sus aflicciones
y dificultades para que ellos puedan estar firmes de nuevo sobre
el amor de Cristo, y que procedan firmes y con inteligencia mientras
que a la vez son motivados por el amor de Cristo. No puedo hacer
esto con mis propios sentimientos o voluntad, sino con el poder
de Su amor que nos guía y enseña a vivir por Su Palabra. ¿Acaso
no sé sacrificó a Sí Mismo para salvarnos debido a que Él así nos
amó? Ahora creemos que Él mostró Su amor por nosotros reconciliándonos
con Dios por siempre. Por lo tanto, algunas veces los lideres encaran
a sus seguidores con una mirada amable, y algunas veces con una
disciplina severa para sus almas, debido a que los lideres creen
que este es el corazón de Cristo y es Su amor. Y que al hacer esto,
podemos unirnos con Su voluntad hacia nosotros, los nacidos de nuevo.
El Apóstol Juan sabe que el Espíritu Santo habita en los corazones
de los santos y de los siervos de Dios. Por lo tanto, él dice que
no necesitan ser enseñados por gente mundana, ya que el Espíritu
Santo nos enseña todas las cosas concernientes a la Verdad.
Y el Espíritu Santo es verdad y no miente. Él da testimonio a nuestra
fe igual que cuando creímos en la Palabra de Dios tal como es. Él
nos hace saber si estamos bien o mal, o cuando creemos correcta
o equivocadamente. Él nos hace sentir incómodos cuando nos desviamos
de nuestra fe. Es por ello que algunas veces nos sentimos muy incómodos.
Pero, Él nos da paz y gozo en nuestro corazón cuando nos damos vuelta
de nuestra fe equivocada y creemos correctamente. Realmente Él lo
hace.
Queridos compañeros santos, tenemos que habitar en el amor de Cristo.
Nuestros ministros, hermanos y hermanas, esto es, todos los justos,
deben habitar en el amor de Jesucristo. ¿Qué elementos distintivos
existen en nosotros? ¿Es beneficioso que nosotros nos luzcamos unos
con otros?
Hemos llegado a ser una familia, a pesar de nuestra propia voluntad,
al recibir la remisión de los pecados en el evangelio del agua y
el Espíritu. Y esta nueva relación familiar de fe es más hermosa
que cualquier otra relación en este mundo. Nosotros, que pertenecemos
a una familia en el amor de Cristo, estamos tejidos con confianza,
amor y amistad pura. Sin Su amor, no podemos llegar ser uno. Llegamos
a ser hermanos y hermanas por el amor de Cristo. Pero sin Su amor,
no tendríamos nada que ver unos con otros, no somos nada desprovistos
de Su salvación. Tenemos que habitar en el amor de Cristo como nos
dijo Juan, “Habita en Él.” Esta es la fe autentica, y la
fe que debemos guardar especialmente durante estos últimos días.
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¿Cómo debemos vivir nosotros que tenemos el Espíritu Santo?
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Debemos vivir nuestras vidas de fe amándonos unos a otros y
predicando la verdad de la salvación. |
En estos tiempos finales, aunque el conocimiento y la tecnología
aumentan, no existen muchos que prediquen el evangelio del agua
y el Espíritu. Por lo tanto, debemos predicar más efectivamente
usando el conocimiento y la tecnología para el evangelismo.
Ahora, toda la gente de este mundo tienen sed por el amor de Cristo.
No existe tal cosa por ningún lado como el verdadero amor. Muchos
Cristianos, que profesan ser nacidos de nuevo, pero que no lo son,
lastiman con los falsos evangelios a aquellos que tienen el verdadero
evangelio. Algunas veces yo me enojo, pero he decidido ser indiferente
a partir de ahora. Todas sus perversas acciones saltan de las tinieblas:
Ellos están invadidos en tinieblas debido a que no habitan en el
amor de Cristo. Sabemos porque hacen tales cosas, y por lo tanto,
no necesitamos discutir los pros y los contras de sus extrañas conductas.
Si estamos en el amor de Cristo, podemos vivir harmónicamente con
los otros santos amando y entendiéndonos los unos a los otros. Voluntariamente
no queremos vivir así, pero sabemos que tal vida es la más maravillosa
y de bendición en este mundo. Tenemos verdadera fe ya que hemos
recibido el amor de Cristo, podemos perdonarnos los errores unos
a otros porque hemos recibido la remisión de nuestros pecados por
el amor de Cristo, el evangelio del agua y el Espíritu, y podemos
vivir la vida más digna y benevolente que predica el verdadero evangelio
y sé ocupa de las almas. Primero debemos tener el amor de Cristo
para poder caminar en Cristo y permanecer habitando en Él.
Debemos tener el amor de Cristo. Debemos rumiar cada día en el
amor de Jesús, quién ofreció Su propio cuerpo, para mostrarnos Su
amor incondicional: Debemos imaginar de nuevo la figura de Jesús
quién fue bautizado en el Río Jordán; debemos imaginar de nuevo
Su figura que sufrió tribulaciones más allá de cualquier descripción
sobre la Cruz; debemos meditar de nuevo sobre la fe que el Jesús
resucitado ya que nos guiará al Reino del Cielo.
Siempre que cometemos pecados debido a nuestras debilidades, no
podemos evitar estar más agradecidos por Su amor de la salvación,
el cual es revelado en el evangelio del agua y el Espíritu, experimentamos
que el brote del amor está creciendo en nuestro corazón cuando sabemos,
creemos y aceptamos el amor de Cristo en el corazón. Y veremos el
gran árbol del amor en nosotros cuando vivamos nuestras vidas mientras
predicamos Su amor. Si hacemos eso, nunca seremos avergonzados ante
Él en Su venida. No viviremos vidas en desgracia mientras tengamos
ese amor. Es por ello que el Apóstol Juan nos exhorta a habitar
en el amor de Jesús.
Debemos habitar en amor, el cual no es otra cosa que el amor de
Cristo. Este amor no se refiere al amor carnal o al amor humanístico.
Tenemos que estar en Su amor. Tenemos que trabajar en Su amor, amarnos
unos a otros en Su amor y predicar el evangelio en Su amor. Ciertamente
estamos sirviendo al Señor en Su amor. Hacemos mucho en nuestros
hermanos y hermanas, y entonces les amamos en Su amor. Por lo tanto,
cuando hacemos todas las cosas en el amor de Cristo, llegamos a
recibir las bendiciones de Dios más abundantemente, planeamos hacer
obras espirituales mayores, y nos entregamos nosotros mismos a esparcir
el gran amor de Jesús. Es por ello que el Apóstol Juan nos aconseja
vivir en el amor de Cristo. ¡Aleluya!
En los días de Juan, alguna gente en su iglesia trató de engañar
a los nacidos de nuevo, que creían en el evangelio del agua y el
Espíritu y habitaban en el Señor. En los días del Apóstol Pablo,
también había algunos que perturbaban a los santos y deseaban pervertir
el evangelio de Cristo (Gàlatas 1:7). Ellos crearon y predicaban
los otros evangelios, los cuales afirmaban, “Debemos hacer oraciones
de arrepentimiento siempre que pequemos, limpiarnos s nosotros mismos
con tales oraciones, y por lo tanto, debemos santificarnos a nosotros
mismos deshaciéndonos inmediatamente de la inmundicia que hay en
nuestras vidas.”
El Apóstol Juan llamó a tales personas los enemigos de Dios quienes
trataban de engañar a los santos. Ciertamente, sus doctrinas han
confundido y destruido nuestra fe en concreto hasta ahora. Por lo
tanto, Juan nos recordó y nos advirtió que tales anticristos serían
muy peligrosos a nuestra fe, diciendo, “Tienes que habitar en el
Señor como yo te enseño desde el principio.”
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¿Quién puede habitar en el Señor? |
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Son aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu.
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1 Juan 2:28 dice, “Y ahora, hijitos, permaneced en él, para
que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida
no nos alejemos de él avergonzados.” Juan dice que si habitamos
en el evangelio del agua y el Espíritu, tendremos gran confianza
y no seremos avergonzados ante el Señor cuando Él venga de nuevo.
Por otro lado, aquellos que no habitan en Él terminarán como enemigos
de Dios.
Cualquiera que cree que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador
es alguien que ya ha recibido la perfecta salvación por fe. Son
los poseedores de una fe infinitamente fuerte y valiosa.
Desde luego, algunas veces caemos en tinieblas. Pero, si habitamos
en el Señor, las tinieblas pronto se alejan de nuestro corazón.
Podremos caer en errores, o algunas veces repetir el mismo error
una y otra vez, pero el punto clave es si habitamos en Él o no.
Escrito está en Juan 15:7, “Si permanecéis en mí, y mis palabras
permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.”
Dios prometió responder todas nuestras promesas si habitamos en
Jesucristo y pedimos Su ayuda teniendo fe en Su Palabra en nuestro
corazón. Dios me ha respondido hasta ahora, si mi petición no era
con un propósito malvado, y Él escuchará mis oraciones constantemente.
Lo que hace que tengamos una fe que no nos avergüenza es porque
habitamos en el evangelio del agua y el Espíritu. Es, en otras palabras,
habitar en Cristo. Creer en el evangelio del agua y el Espíritu
es la fe que hace que habitemos en el Señor, y esta fe es la sabiduría
que evita que nos convirtamos en Sus enemigos. Si no habitamos en
Jesucristo, ciertamente nos convertimos en Sus enemigos. ¿Quiénes
son los enemigos de Cristo? Son ni más ni menos aquellos que no
reconocen a Jesús como su verdadero Salvador, quién es el Hijo de
Dios; fue bautizado para tomar todos nuestros pecados; murió sobre
la Cruz; y resucitó de entre los muertos para darnos Su perfecta
salvación. Ellos son aquellos que no le reciben a Él.
No debemos negarle a Él. Debemos aceptar a Jesucristo junto con
el evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de Dios. ¿Qué excelencias
en ti te hacen tan arrogante y rechaces Su perfecto amor? ¿Eres
tan inteligente como para admitir a la primera este evangelio verdadero?
¿Piensas que eres tan inteligente que tienes las respuestas para
todas las preguntas? ¿Piensas que te puedes encontrar con Dios dentro
del reino de tu entendimiento?
Debemos aceptar la Verdad de la Palabra de Dios tal como es. Si
Él dice que ha creado el universo, el único camino verdadero que
podemos tomar es aceptar la Verdad diciendo, “Sí, Tú lo hiciste.
Amen.” Nadie sabe todo acerca del universo. Un científico famoso
dijo en una ocasión, “Debemos ser humildes ante el Creador. Los
humanos ahora se sienten muy orgullosos de su conocimiento y de
su tecnología, y muchos de ellos piensan que los humanos conquistaran
todo el universo. ¡Pero recuerda esta Verdad! Todo el conocimiento
acerca del universo que hemos acumulado es más pequeño que un grano
de polvo del globo, cuando igualamos el universo con este planeta.”
Los doctores dicen, “Desde luego, yo opero. Pero yo no soy realmente
el que opera en las vidas de los pacientes. Él que da la vida o
la muerte a nosotros es Dios.” Así, aún algunos pocos doctores no
Cristianos se sabe que oran antes de operar sobre los pacientes
graves: “Dios, por favor ayuda a que este paciente viva de nuevo.”
Aún un ateo dice la misma oración cuando esta sobre la mesa de operaciones:
“¡Por favor Dios, sálvame de la muerte! Creeré en Ti a partir de
ahora, si Tú haces esto.”
Nosotros las creaciones debemos buscar al Creador, quién existe
desde el principio. El mismísimo Creador es Jesucristo. Y Él dice
que Él nos ha visitado y nos ha limpiado de todos nuestros pecados.
Entonces, ¿cuál es la razón para que niegues Su amor? No debemos
estar contra Dios, pretendiendo ser inteligentes ante Él. Más bien
debemos creer en Su Palabra y admitir nuestras insuficiencias. ¿Sabes
cuantos siervos de Dios tuvieron que morir por la Biblia para que
tú pudieras tener una? Jesús dice, “Yo os he enviado a segar
lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis
entrado en sus labores” (Juan 4:38). Ahora, estamos cosechando
los frutos de sus labores. Principalmente, Jesucristo ha trabajado
extremadamente por nuestra salvación. Hemos recibido la salvación
que Él ha realizado detalladamente. Estamos recibiendo vidas eternas
solo por creer en el evangelio del agua y el Espíritu que Él ha
completado por Sí Mismo. Quienquiera que crea recibe la vida eterna.
¿Lo crees?
¿Existe alguien que sé avergüence por sus pecados ante Dios, y
es incapaz de permanecer frente a Él en este momento? Yo no me avergüenzo
de mí mismo ante Él. No se debe a mi arrogancia, sino a que ahora
yo habito en el Señor. Yo no me avergüenzo de mí mismo por la fe
en Él ya que Él ha tomado todos los pecados del mundo, incluyendo
los míos, al ser bautizado, morir sobre la Cruz y resucitando de
entre los muertos para completar nuestra salvación. Por lo menos,
yo no necesito estar avergonzado de mí mismo debido a que he recibido
la remisión de los pecados por la fe.
Yo no sé cómo Él nos recompensara a ti y a mí. Algunos de ustedes
serán recompensados mas que yo. Pero, en lo que concierne al tema
de la salvación, yo no seré avergonzado por mi fe ya que vivo en
el Señor y creo que Él ha borrado todos nuestros pecados con Su
evangelio del agua y el Espíritu y debido a que lo he recibido con
mi corazón. Nosotros quienes tenemos tal fe no tenemos razón de
avergonzarnos de nosotros mismos.
Por lo tanto, el Apóstol Juan dice, “Si sabéis que él es justo,
sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él” (1
Juan 2:29). Este pasaje significa, Llegaste a practicar obras
justas, si sabes y crees que Jesucristo ha borrado todos los pecados
del mundo al realizar obras justas. Y llegaste a saber que esta
justicia es Suya, y que toda la justicia le pertenece a Él.
Cuando Jesús fue bautizado por Juan el bautista, Él le dijo, “Deja
ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces
le dejó” (Mateo 3:15). Jesús vino a esta tierra en semejanza
de carne pecadora, por causa de nuestros pecados (Romanos 8:3).
Y Él tomó todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista.
Él mostró Su amor no solamente con Sus labios, sino que ciertamente
fue bautizado para cumplir toda la justicia de Dios con Su cuerpo.
Así, Él tomó todos los pecados del mundo para ser el Cordero de
Dios legitimo. Y Él cargó todos estos pecados hasta la Cruz, y murió
sobre ella para expiarlos. En la cumbre de Su muerte vicaria, Él
exclamó, “¡Consumado es!” (Juan 19:30). Él sé levantó de
entre los muertos para ser el Salvador de la humanidad.
Así Él ha cumplido toda la justicia, y convierte a todos los creyentes
en justos. Si realmente crees que Jesús nos ha salvado a ti y a
mi de todos nuestros pecados de acuerdo a la voluntad de Dios Padre,
entonces te conviertes en una persona justa y puedes practicar la
justicia. Fundamentalmente, los nacidos de nuevo anhelan servir
al evangelio de Dios. Aunque sus obras puedan ser insuficientes,
están agradecidos de vivir por la justicia por fe. Así, el Apóstol
Juan hace que nos demos cuenta que nosotros, quienes tratamos de
vivir por la justicia al predicar el evangelio, somos los siervos
de Dios y Su pueblo.
Él nos está diciendo esto para que no nos convirtamos en enemigos
de Jesús. ¿Practicas la justicia de Dios? ¿Eres nacido de Cristo?
Nacemos una vez de nuestros padres, pero nacemos de nuevo como justos
al creer en Jesucristo. Nacemos de nuevo como gente sin pecado,
el pueblo de Dios que no se avergüenzan de sí mismos.
¿Has estado alguna vez en la India? Yo no he estado en la India,
pero he visto su tierra y su gente. El Hinduismo es la religión
dominante de este país, y tiene algo que ver con la doctrina de
la transmigración de las almas en el Budismo. Esta religión está
profundamente relacionada con el sistema caste, el sistema social
de este país. La gente en el Hinduismo cree que ellos pueden nacer
en su vida futura en una familia que pertenece a una mejor clase
social, si ellos viven virtuosamente durante la era actual. Los
Hindúes creen que nacerán de nuevo en una clase inferior como animales,
o serpientes si ellos no viven virtuosamente en esta vida. En concreto,
sus vidas futuras son absolutamente dependientes de sus vidas presentes.
Sin embargo, también creen que existe un camino para que escapen
de un ciclo inevitable de metempsicosis. Es cremando el cuerpo.
Puede que hayas visto en la TV que ellos queman los cuerpos hasta
cenizas a las orillas del río Ganguees. Ellos creen que las almas
de los muertos nacerán en un estatus mejor al hacer eso. ¡Que idea
tan ridícula es esta! ¡Cuán absurdos son por creer eso! Pienso que
llegaron a desarrollar tales doctrinas debido a que nunca pueden
ser libres de sus sentido de culpa.
Pero, hemos recibido las bendiciones de Dios que realmente nos
liberan de todos nuestros pecados. Ahora llegamos a ser justos,
que podemos practicar la justicia y vivir una vida justa. Y sabemos
que todas estas cosas son del poder de Jesucristo. Como está escrito
en la Escritura, “un árbol se conoce por su fruto,” quien viva una
vida justa, esto es, quienquiera que viva para el evangelio es un
santo nacido de nuevo que vive una vida nueva.
¿Crees que eres tan excelente que ahora puedas servir bien al Señor?
Somos capaces de vivir una vida justa solo creyendo la Verdad de
lo que el Señor ha hecho por nosotros tal como es. Llegamos a ser
salvos por fe, y realizamos las obras de justicia debido a que el
Señor realmente nos ha liberado de todos nuestros pecados y nos
ha convertido en Sus hijos. Y llegamos a ser Sus obreros, quienes
hacemos Sus justas obras al salvar otras almas, servimos a la Iglesia
de Dios y a sus miembros, y hacemos bien las tareas necesarias en
Su Iglesia. Aunque diferimos unos con otros en cuanto a nuestros
regalos y a nuestras responsabilidades, servimos el mismo evangelio
en diferentes formas y posiciones.
En los días de Juan, existía alguna gente que salió de la Iglesia
de Dios debido a su incredulidad. Por lo tanto, él reitera el evangelio
del agua y el Espíritu continuamente. Él continua con el mismo tema
a través de los capítulos 3 y 4, y finalmente saca una conclusión
en el capitulo 5.
Ahora, tú y yo servimos al evangelio en la Iglesia de Dios. Se
debe a que creemos en Él por lo que lo podemos hacer. Debemos recordar
que somos capaces de servirle debido a que nacimos de Él. A partir
de ahora, no debemos considerar a Cristo desde un punto de vista
mundano (1 Corintios 5:16). Debemos conocerle a Él en espíritu y
en Verdad. Y debemos permanecer fieles a Él para que podamos agradarle
a Él.
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