|
No se preocupen por sus vidas y pongan su confianza solo en Dios
< Mateo
6:25-34 >
“Por eso os digo: No os inquietéis por vuestra vida, por lo que
habéis de comer o de beber, ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis
de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que
el vestido? Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan,
ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta.
¿No valéis vosotros más que ellas? ¿Quién de vosotros con sus preocupaciones
puede añadir a su estatura un solo codo? Y del vestido, ¿por qué
preocuparos? Aprended de los lirios del campo, cómo crecen; no se
fatigan ni hilan. Pues yo os digo que ni Salomón en toda su gloria
se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que
hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así la viste, ¿no hará
mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No os preocupéis, pues,
diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos o qué vestiremos? Los gentiles
se afanan por todo eso; pero bien sabe vuestro Padre celestial que
de todo eso tenéis necesidad. Buscad, pues, primero el reino y su
justicia, y todo eso se os dará por añadidura. No os inquietéis,
pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias
inquietudes; bástale a cada día su afán.”
Nosotros, los nacidos de nuevo somos propensos a preocuparnos
por el futuro, aun después de haber recibido la remisión de los
pecados. Son preocupaciones del tipo cómo voy a vivir de ahora en
adelante, qué hago para poder comer, qué hago para poder vestirme,
qué debería hacer para ganar dinero, y cómo debería vivir. De esta
manera, tenemos en nuestros corazones preocupaciones por el futuro.
He observado que los nacidos de nuevo que aún son jóvenes tienden
a preocuparse por el resto de sus vidas porque no entienden que
Dios les ayuda y porque no han experimentado que Dios guía su camino.
Por supuesto, es natural que nos preocupemos porque somos humanos.
Todos los nacidos en este mundo trabajan duro por
si mismos. Todavía no han vivido según la fe en Dios, y tienen la
costumbre de vivir confiando en sus propios esfuerzos y poder, de
modo que aun cuando nacen de nuevo, la primera cosa de la que se
preocupan es qué van a comer, qué van a beber y cómo van a vivir.
Sin embargo el Señor nos dice en qué deben pensar los nacidos de
nuevo en primer lugar: “Buscad primero, pues, el reino y su justicia”.
Él dice: “Buscad primero el Reino de Dios y la justicia de Dios.
Primero, uniros a la iglesia y buscad hacer la obra de Dios, Su
Reino y salvar a la gente. ¡Rezad! Entonces satisfaré todas vuestras
necesidades en el terreno de la carne, como qué comeréis, qué beberéis
y cómo viviréis”.
Yo también pensé en mi futuro en cuanto fue librado
de mis pecados. “¿Cómo viviré? ¿Qué comeré? ¿Qué vestiré? ¿A qué
me dedicaré?” Me preocupaba sobre estas cosas. Cuando hubiera habido
un número determinado de tareas que debía llevar a cabo, entonces
las hubiera cumplido; pero ya que no había nada determinado, no
sabía que hacer en ese momento. Los que habían ahorrado dinero antes
de recibir la remisión de los pecados, estarán menos confusos. Sin
embargo, alguien que ha sido sólo u estudiante antes de recibir
la remisión de los pecados, como yo, estará más confundido. No podía
dejar de preocuparme sobre cómo vivir en este mundo.
Los hermanos jóvenes de nuestra iglesia, que en el
mundo real son estudiantes o principiantes, pueden ser desalentados
por pensar en cómo vivir en este mundo. ¿Qué deberíamos hacer para
comer? ¿Qué deberíamos llevar puesto? Hay muchas preocupaciones
de este calibre.
Sin embargo, El Señor nos dice a todos nosotros: “No
os preocupéis de tales cosas. Eso es lo que hacen los que no han
nacido de nuevo”. Entonces podemos pensar: “Nuestro Señor no tiene
ni idea de nuestra situación. Este es un problema de la realidad,
¿cómo podemos dejar de preocuparnos? El problema de la comida, la
ropa y el techo bajo el que vivir dependen de esto ahora mismo.
¿Cómo podemos dejar de preocuparnos?” No obstante el Señor nos dice
firmemente: “Eso es de lo que se preocupan los gentiles. No os preocupéis
por cómo habréis de vivir. Pensad en la justicia de Dios primero
y en vivir vuestra vida llevando a cabo Su justicia”. El Señor dice:
“Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran
en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis
vosotros más que ellas?”
De hecho, si creemos en lo que el Señor dijo, no hay
nada que discutir en su contra. Nosotros nos preocupamos por nuestras
vidas, pero el Señor nos reprende con sus palabras claras: “No os
preocupéis por las cosas materiales. Eso es lo que piden los gentiles.
Eso es lo que los que no han nacido de nuevo piden. Aprended de
los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan. Pues
si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es arrojada al fuego,
Dios así la viste, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca
fe?”
Queridos hermanos cristianos, ¿cómo crecen los lirios
del campo? ¿Aparece un brote automáticamente que crece y florece?
Es porque Dios los planta, les de la luz del sol según la necesiten
y les da la lluvia para hacerlos florecer. El Señor dice que Dios
cuida de esta hierba del campo, entonces cuánto más cuidará Él de
ustedes, que son los justos.
Queridos hermanos cristianos, hay una gran diferencia
entre las preocupaciones que tenemos y la certeza que proviene de
la Palabra de verdad de Dios. Nos preocupamos mucho por nuestro
futuro ahora, pero no hay mucho que podamos decir ya que el nos
hace callar simplemente diciendo: “Aprended de los lirios del
campo”. Dios les da la luz del sol y la lluvia para hacerles
crecer de tan buen modo. Entonces, ¿no habría de cuidad de nosotros
que somos sus hijos? Tengan la fe que confía en Dios. Entonces podrán
comunicarse con Dios.
¿Qué debemos hacer para comunicarnos con Dios? No
hay otra manera más que creer en la palabra de Dios. Cuando creemos
en Su Palabra tal y como es, podemos comunicarnos con Él con fe.
Si Dios lo dice, cuando creemos en Él según Su Palabra que dice
“Dios me vestirá, me dará de comer, me ayudará a vivir”, podemos
relacionarnos con Él y ser respondidos según nuestra fe.
Aprended de los lirios del
campo
¿Tienen la fe que confiesa así: “Dios crió a los lirios
del campo. Yo pertenezco al pueblo de Dios, soy un hijo de Dios,
y Dios es mi Padre y mi pastor, por tanto creo que Él me dará de
comer y me vestirá”? La única manera de deshacerse de las preocupaciones
es creer. “Dios, creo en Ti” No hay más palabras que estas ante
Dios. No hay más palabras que podamos decir.
Queridos hermanos cristianos, cuando el Señor dice
una cosa, ¿podemos nosotros decir algo en contra de lo que Él ha
dicho? En el pasaje de las Escrituras de hoy, Dios nos promete que
nos proveerá de todo lo que necesitemos cuando primero hayamos buscado
Su Reino y Su justicia. Cuando tomamos este pasaje con fe, no podemos
decir nada más. No podemos poner ninguna excusa, salvo que no tenemos
fe. “Puedo criar a los lirios del campo. Si es así, ¿no puedo criarte
a ti? Puedo criar una planta anual, si es así, ¿no puedo criar a
Mis hijos?” Ahora bien, crean en Él.
Si creemos así, puede que no pensemos de la siguiente
manera: “La lluvia es algo que Dios hace que caiga del cielo de
todas maneras, y la luz del sol es algo que Él da de todos modos,
y por tanto la hierba crece, pero nosotros no podemos vivir sólo
de lluvia y luz del luz. ¿No sabes Dios lo duro tenemos que trabajar
para vivir?”. Por supuesto no hay ninguna manera de la que Dios
no sepa. Si el Señor dice que nos conoce todos, entonces debemos
creer que Dios nos dará también la habilidad, la sabiduría, y las
bendiciones que nos permitirán vivir en este mundo. Si el Señor
tomó un lirio para hacer una explicación de cómo Dios provee todo
en su debido tiempo, entonces podemos creer que Dios nos proveerá
de todo a nosotros, los hijos de Dios, a su debido tiempo.
El Señor nos da otro ejemplo para suscitar nuestra
fe en Él, diciendo: “Mirad cómo las aves del cielo no siembran,
ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las
alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?” (Mateo 6:26).
Sin embargo alguna gente no creyente interpreta este
verso de una manera absurda, diciendo: “¡Mira! ¡Mira al pájaro en
el aire! ¡Qué diligentes son! Si trabajamos duro en este mundo como
esos pájaros que vuelan en el aire, podremos vivir bien en este
mundo”. Se inventan argumentos como éste. Como esta gente no tiene
fe, inventan argumentos como el siguiente: “¡Ah! Si un hombre trabaja
duro, entonces tendrá suficiente comida y vivirá en abundancia”.
Estos argumentos son diferentes de los argumentos
de fe de los que el Señor nos habló. ¿Quién diría que cuando trabajamos
duro, no nos tenemos que preocupar por la comida? Sin embargo, ¿se
hace rico todo el mundo solamente por trabajar duro? Esto no sucede
igual con todo el mundo. Hay mucha gente que ha trabajado en su
empleo durante meses e incluso un año, pero todavía no les han pagado.
“Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni
siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las
alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?” Lo que el Señor
quiso decir con este verso no es que podemos tener comida si trabajamos
duro. El Señor dice que nuestro Padre Dios, que nos salvó, nos provee
con comida, bebida y ropa para mantener nuestras vidas en este mundo.
Esto significa que Dios nos dará de comer y nos vestirá a nosotros,
los justos. Esto quiere decir que Dios cuidará de cualquier persona
justa que viva por la difusión del Evangelio. El tema principal
de este verso es que: “Si soy mis hijos, ¿os dejaré morir de hambre
o no os vestiré? Si soy mis hijos, mientras vivís en este mundo,
mientras vivís vuestras vidas, mientras tenéis tareas que hacer
en este mundo, ¿no cuidaré yo de vosotros?”.
Yo también me sentía ridículo cuando leía este pasaje
antes de nacer de nuevo. Pero ya no es así. Cuando conocí al Señor,
no sabía que hacer. Al principio pensaba que iba a tener un negocio
al que dedicarme. De hecho, no tenía ningún otro plan en mi mente.
En realidad estaba deprimido cuando conocí al Señor por primera
vez a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Por culpa de
las preocupaciones de cómo vivir, qué comer y qué vestir, las preocupaciones
de cómo difundir el evangelio después de haber recibido la salvación
pasaron a un segundo plano. Cómo debía unirme a la iglesia de Dios
también pasó a un segundo plano y estaba en agonía porque no sabía
qué hacer cuando estaba ocupado intentado ganarme la vida. Pero
el Señor dice: “Eso es lo que hacen los gentiles piden”. Sin embargo,
me rebelé contra Su Palabra diciendo: “Esa es tu lógica y mi lógica
no sigue a la tuya en estos momentos”.
Cuando miraba hacia delante para ver cómo viviría
de ese momento en adelante, estaba oscuro. Cuando consideraba mis
circunstancias, era aún peor y no sabía qué hacer. No sabía nada
en aquel momento, pero de lo único de lo que estaba seguro era que
Dios se había convertido en mi Padre y que el Señor había borrado
todos mis pecados. Entonces el Señor dijo: “Si tuviereis fe como
un grano de mostaza, diríais a este monte: ‘Vete de aquí allá, y
se iría’”. Esto quiere decir que el Señor me dio el Evangelio
de la verdad que me permite vivir con fe. Y también me dijo: “Buscad,
pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por
añadidura”.
“¡Ah! ¡Esta es la manera de la que puedo vivir!” Me
decidí a consagrarme a la obra de Dios. Me aferré a esta palabra
y empecé a rezar por todo lo que necesitaba. Recé: “Dios Padre,
no tengo dinero. Dios, quiero difundir el Evangelio del agua y el
Espíritu pero no tengo dinero. Dame dinero. Dame cosas materiales.
No tengo ningún edificio. Dame un edificio para la iglesia. Dame
almas. Estoy intentando escribir libros para difundir el Evangelio
del agua y el Espíritu pero no tengo no tengo editorial. Dame una
editorial”.
Ahora mi pequeña fe ha crecido y pido por algo grande
para la obra de Dios. He experimentado que Dios ha contestado a
todas mis peticiones, ya sean grandes o pequeñas. Esto me hace crecer
gradualmente como un hombre de fe. Esto significa que nos convertimos
en hombres de fe sin darnos cuenta.
Cuando algo ocurre, pienso: “¡Dios da si rezamos!
¡Y no hay nada de lo que deban preocuparse los hermanos y hermanas!
¡Dios ayuda! ¡Dios ayuda a los hermanos y hermanas! ¡Si los hermanos
y hermanas están en apuros, Dios le da si rezan!”. Nuestra fe crece
gradualmente siempre que recemos con fe. Por eso el Señor dice:
“Por nada os inquietéis, sino que en todo tiempo, en la oración
y en la plegaria, sean presentadas a Dios vuestras peticiones acompañadas
de acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja a todo entendimiento,
guarde vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”
(Filipenses 4:6-7). Nuestro Dios es poderoso para hacer que
copiosamente abundemos más de lo que pedimos o pensamos (Efesios
3:20).
Al creer en esto, pedimos al Señor con seguridad.
En vez de intentar empezar algo por nuestra cuenta, en vez de tratar
de hacerlo por los medios humanos, rezamos: “¡Dios! Danos esto.
Lo necesitamos de verdad”. Incluso si no podemos ver ningún signo
positivo con nuestros ojos, pedimos a Dios que nos de. ¿Por qué?
Es porque las oraciones hacen que las cosas ocurran, entonces son
mejores que nuestros propios métodos. Cuando nací de nuevo planeaba
abrir un negocio de venta de cazuelas para ganarme la vida. Pero
a medida en que mi fe crecía, empecé a rezar en vez de intentar
hacer algo por mi cuenta.
Si tenemos fe en Dios, primero rezamos por Su ayuda.
Aunque no haya respuestas, rezamos diligentemente. “Dios, haz esto
por nosotros. Haz eso otros por nosotros”. Cuando rezamos durante
mucho tiempo y constantemente, vemos que Dios contesta. Entonces
recibimos una respuesta y rezamos de nuevo sobre otro asunto. De
este modo, experimentamos las respuestas de Dios. Por tanto, nos
convertimos en gente de fe. Llegamos a tener una fe más fuerte que
cree en Dios. Llegamos a creer firmemente que el Señor nos da de
comer, nos viste y nos hace vivir. Cuando vivimos por la justicia
de Dios, desarrollamos la fe en Dios.
Por tanto, cuando trabajamos por la justicia de Dios,
no nos preocupamos demasiado por lo que comeremos de ahora en adelante
o lo que beberemos o vestiremos. Siempre que necesitemos algo, nos
ponemos a rezar: “Dios, danos otra vez. Da a nuestros hermanas y
hermanos cosas materiales. Danos salud. Danos esto. Danos lo otro”.
Nos ponemos a rezar. Esto no significa que nos tengamos que sentar
a rezar y no hacer nada por nuestra propia cuenta. Primero tenemos
que rezar y después buscar la justicia de Dios. Entonces Dios nos
da para comer, beber y cosas para vivir y demás. Espero que ustedes
crean que Él nos lo da todo.
En realidad podemos vivir y hacer Su obra bien hasta
ahora porque Dios ha proveído para nosotros. Por tanto, en el futuro
también, Dios nos dará a los justo para vestir, comer y beber, que
son cosas esenciales para nuestras vidas. No sólo estas cosas, sino
que también todo lo demás que necesitemos para el Reino de Dios,
Él nos lo da en abundancia.
Hermanos y hermanas, por eso es una bendición vivir
en Dios. No vivimos de lo que tenemos, sino de la fe en Dios. Por
eso los justos viven con riqueza para la carne y el espíritu. Si
realmente vivimos con fe en Dios, vivimos en abundancia de la carne
y el espíritu.
Dios nos dijo: “Buscad, pues, primero el reino
y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”. Esto significa
que debemos vivir en unión con Su Iglesia por el Reino de Dios y
Su justicia, por el Evangelio y por la salvación de las almas. El
Señor nos ordenó que viviésemos por el Evangelio del agua y el Espíritu.
Esto quiere decir que Dios nos dará todo si vivimos por la justicia
de Dios. Esta es la promesa de seguridad que Dios nos confía a ustedes
y a mí. Esta es la alianza que Dios hizo con aquellos de nosotros
que han nacido de nuevo. Si damos nuestros corazones a Dios y vivimos
por el Evangelio de Dios, Él nos garantizará sin duda nuestras vidas,
proporcionándonos comida, bebida y ropa. Dios nos garantizará al
menos que viviremos con riquezas de la carne y el espíritu.
Queridos hermanos cristianos, vivan por Dios. ¿Están
nerviosos por sus vidas? Vivan por el Evangelio de Dios. Vivan por
el Evangelio del agua y el Espíritu. Fijen sus mentes en la obra
de Dios. Si hacen eso, su futuro está asegurado. ¿Cuándo estamos
más preocupados como humanos? Cuando nuestras cosas materiales,
por muy pequeñas que sean, de las que solíamos vivir están apunto
de agotarse, entonces nos sentimos inseguros. Nos sentimos más bien
cómodos si gastamos todo lo que tenemos y nos quedamos con las manos
vacías. Como no tenemos nada que ahorrar y no tenemos reservas de
nada, es más fácil intentarlo de nuevo con fe en el Señor. Sin embargo,
estamos más inseguros cuando no gastamos todo completamente e intentamos
vivir con lo que nos queda. ¿Cómo de nerviosos nos ponemos por miedo
a perder lo que nos queda?
Queridos hermanos cristianos, ya nos quede algo o
no, simplemente vivan por el Señor, por el Evangelio y confíen en
el Señor. Entonces el Señor nos llena, no sólo en lo que ya tenemos,
sino con mucho más. Es porque nuestro Señor nos llena en abundancia
cuando vivimos por el Evangelio y nos ayuda a vivir arreglándonoslas
con lo que tenemos.
Eso es. Tengan en mente el pasaje de las Escrituras
de hoy: “Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo
eso se os dará por añadidura”. Esto ocurre porque si vivimos
por Dios, Él no puede evitar darnos todo lo que necesitamos.
Había un hermano que era sastre. No se puede ganar
mucho dinero siendo sastre. Él explicaba que se tenía que quedar
despierto muchas noches para terminar un traje. Entonces cuando
trabajaba mucho por la iglesia, se quedaba sin ingresos. Entonces
empezó a rezar al Señor. Desde entonces, la gente empezó a encargarle
muchos chándales en vez de trajes. Algunas empresas empezaron a
encargarle chándales al por mayor por los cientos y los miles, así
que cuando empezó este negocio, ganaba grandes cantidades de dinero.
Vivir es vivir, ya sea haciendo trajes o chándales,
pero hay muchos hermanos que pueden servir a Dios mucho más porque
empezaron a rezar cuando estaban en problemas. En realidad hay muchos
ejemplos como éste. Cualquiera que hay vivido por el Señor ha pasado
por algo así. Nosotros, los justos, no vivimos sólo de lo que tenemos.
Servimos a Dios con lo que Él ha proveído porque el Señor nos llena.
Si vivimos de lo que tenemos, seguramente se nos acabará.
Había una viuda en Sarepta en el antiguo Testamento.
Por aquel entonces, hubo una terrible sequía durante años que provenía
de Dios. Por culpa de la hambruna, se quedó sin nada y lo único
que le quedó fue un puñado de harina en un bote. Cuando mezcló la
harina con agua y la amasó salió un trozo de pasta que sólo podría
saciar el hambre de dos o tres personas. Amasó la pasta con un rodillo
para hacer pan. Los judíos hacían pan para comer. Amasaban la pasta
de harina para hacerla plana y cando el fuego se había extinguido
y quedaba sólo un trozo de carbón en el fuego, ponían la masa en
él.
Cuando iba a hacer una rebanada de tortita como pan
por última vez para comer ella y su hijo, pensó que se morirían
de hambre después. Entonces, un siervo de Dios, Elías, apareció.
“Mujer, ¿tienes algo para comer?”
“Sí, tengo esta cantidad de harina”.
“Entonces, cuécelo y tráemelo para que pueda comer”.
Querido hermanos cristianos, porque el siervo de Dios
le dijo que se lo trajera, ella se lo trajo. Ella creía que se iba
a comer el último trozo con su hijo, y eso era todo lo que le quedaba,
pero se lo dio a comer al siervo de Dios. La viuda le dio el último
trozo al siervo de Dios. Parecía que no quedaba esperanza para ella.
Sin embargo, ocurrió algo increíble. El siervo de Dios rezó después
de comer. Entonces la harina no se acabó en el bote. La Biblia lo
registra.
Queridos hermanos cristianos, la Biblia dice: “Buscad,
pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por
añadidura”. Los que no han nacido de nuevo estafan el dinero
a otros con este verso. Esto ocurre frecuentemente de verdad. Pero
en realidad, guiar a las almas para vivir según la fe y para servir
el Evangelio del agua y el Espíritu no es un engaño, sino que es
la Palabra de Dios. Si vivimos realmente por el Señor, Él provee.
Crean esto. Tienen que creerlo.
Queridos hermanos cristianos, repitan conmigo: “¡Señor,
creo en Ti!”. Puede que aún se sientan inseguros, ¿verdad? Entonces
díganlo gritando. “¡Creo!” ¿Han vivido con su fuerza hasta ahora?
Entonces aférrense a Dios aun más con fe. Si se aferran a algo desesperadamente,
aun todavía se escapa. Por eso el Señor nos dice que vivamos con
fe.
Deberíamos vivir con nuestro corazón por el Señor
y servirle tengamos o no tengamos mucho. Entonces el Señor, les
llenará sin duda de todo lo que necesiten. Si servimos al Señor,
Él tiene la responsabilidad de saciarnos. El nos proporciona abundancia
porque le servimos continuamente. Como Él es omnipotente, nos saciará
sin lugar a dudas, aunque sólo sea para mantener Su alianza.
Nuestra vida no depende de nuestra voluntad, sino
de nuestra fe. Nosotros, los siervos de Dios, así como todos los
hermanos y hermanos, deberíamos vivir según la fe: la fe que experimenta
lo que Dios ha hecho por ellos cuando vivieron en el Señor. Si vivimos
para nosotros mismos, nuestra fe no puede crecer. Cuando vivimos
por el Señor, nuestra fe en Él puede crecer gradualmente. Queridos
hermanos cristianos, ¿saben que las bendiciones de Dios son como
primas para la gente que vive según la fe? Una prima es algo que
se añade a lo que es usual o esperado.
Dios da muchas primas aparte de Su salvación. Vivimos
porque Dios nos da muchas bendiciones como prima. Si no nos da primas,
y sólo nos da lo que merecemos, entonces no podemos vivir. Si sólo
recibimos las cosas por las que trabajamos, ¿no morirían todos los
vagos? Dios nos da muchas cosas como prima, y esas cosas son bendiciones.
Y vivimos junto con Dios que nos da Su gracias. Por tanto vivimos
según la fe en Dios, que nos salvó.
Queridos hermanos cristianos, si creemos en Dios,
entonces Él obra en nosotros. Crean en Dios. Crean en Dios aunque
sea difícil. La promesa de Dios es que Él nos escuchará si creemos
en Él. “Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo
eso se os dará por añadidura”. Experimente cómo Dios les da
“todas estas cosas” mientras vivan. Quiero decir que deberían experimentar
cómo Dios nos sacia, cómo provee. ¿Cómo pueden experimentarlo si
no han vivido según la fe?
Queridos hermanos cristianos, vivan según la fe: “¡Creo
en Ti, Dios! Creo en que me vestirás, me darás de comer y que no
viviré desnudo, que me vestirás y me dejarás vivir sine estar avergonzado.
Y creo que me vestirás. Creo que me dejarás vivir mi vida”.
Crean así. Si creen, Dios tendrá que darles. ¿ Es
que nuestro Dios no puede hacer eso? ¿Es un Dios que no puede darnos
de comer? Dios es suficientemente poderoso para hacer todo eso.
Por tanto, debemos librarnos de nuestras propias medidas, y creer
y confiar en Dios Omnipotente. Crean en la Palabra. Confíen. Confiar
en la Palabra de Dios es fe. Queridos hermanos cristianos, ¿lo entienden?
¿Tienen todavía preocupaciones
por su futuro?
¿Tienen todavía preocupaciones por su futuro? Yo también
tenía muchas preocupaciones, especialmente cuando estaba en el último
año de universidad, es decir, cuando estaba apunto de graduarme.
No tenía nada de que preocuparme. “Ey, vámonos a comer tortitas”.
Era despreocupad, pero en el segundo semestre de mi segundo año,
empecé a preocuparme. “Me gradúo pronto. ¡Oh! ¿Qué haré entonces?
¡Oh! Entonces estaré en problemas”. Cuando pensaba en esto, me parecía
un gran problema. Perdí hasta el apetito.
En realidad, no sólo los estudiantes, sino todo el
mundo no puede hacer nada más que preocuparse por “cómo viviré”
y “cómo comeré”, aun después de haber sido salvados. Sin embargo,
es un nuevo principio para los que han nacido de nuevo. Si nacemos
de nuevo, lo que hicimos en el pasado, el tipo de trabajos que tuvimos,
cómo vivimos, ya no importa. No importa cómo o con qué vivieran
en el pasado, ahora han nacido de nuevo, deben empezar de nuevo.
Estamos iniciando un año nuevo. ¡Una nueva era!
En el capítulo 12 del Éxodo se dice: “Este mes
será para vosotros el comienzo del año, el mes primero del año”
(Éxodo 12:2). Dios les dio un calendario nuevo a los israelitas
en conmemoración del éxodo de Egipto, de su esclavitud. El Éxodo
fue el nuevo comienzo para la historia de los israelitas. Cruzaron
el Mar Rojo, el mar de la muerte, y llegaron a emprender sus primeros
pasos hacia la Tierra Prometida. Ya no eran el pueblo del faraón,
sino que se habían convertido en el pueblo de Dios.
Del mismo modo, desde el momento en que nacimos de
nuevo, somos criaturas nuevas. Por eso deberíamos empezar una vida
completamente diferente. No es una extensión de nuestra antigua
vida. Ahora somos gente que murió con Cristo y se levantó de nuevo
con Él para tener una vida nueva. Como está escrito: “Con El
hemos sido sepultados por el bautismo para participar en su muerte,
para que como El resucitó de entre los muertos por la gloria del
Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Romanos 6:4).
“De suerte que el que es de Cristo se ha hecho
criatura nueva, y lo viejo pasó, se ha hecho nuevo” (2 Corintios
5:17). Todo se ha hecho nuevo para los nacidos de nuevo. Estudiamos
con cosas nuevas, vamos a trabajar con cosas nuevas, servimos a
Dios con cosas nuevas, y vivimos con cosas nuevas. Vivamos con cosas
nuevas de ahora en adelante. En algún sentido la vida de los nacidos
de nuevo puede parecer simplemente una extensión de la vida pasada,
pero en realidad, cuando Dios nos ve, es un modo de vida completamente
diferente, el principio de una nueva vida. Todo es nuevo.
Somos criaturas nuevas una vez hayamos creído en el
Evangelio del agua y el Espíritu, y librados de todos nuestros pecados.
Ustedes y yo somos criaturas nuevas. Ahora las cosas viejas han
pasado. Todas sus debilidades, sus miedos, y su antiguo modo de
vida que solía confiar sólo en los métodos humanos, se han ido.
Ahora se han convertido en una criatura nueva. Ahora vivimos con
fe.
¡Queridos hermanos cristianos! Viviremos según la
fe como en este pasaje: “Los justos vivirán de la fe”. Lo
primero es la fe, ¡lo segundo es la fe! Lo tercero y lo quinto es
también la fe. Cuando nos caigamos, viviremos de la fe, y cuando
andemos estirado, viviremos de la fe; en cualquier situación en
la que nos encontremos, vivimos de la fe. Esto es lo que es la fe.
La fe nos hizo vivir. La fe nos hace vivir. Esta es la fe correcta.
Por eso la Biblia nos da en este mensaje en el pasaje de las Escrituras
de hoy: “No os inquietéis por vuestra vida, por lo que habéis
de comer o de beber, ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis de
vestir. Bástale a cada día su afán”. Esto quiere decir que no
nos preocupemos por el futuro. ¿Por qué? Porque está todo en manos
del Señor. Por eso el Señor nos dijo que no nos preocupásemos por
las cosas del futuro. ¿Qué se consigue con preocuparse del futuro?
El Señor nos dice: “No os inquietéis, pues, por
el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes;
bástale a cada día su afán”. Debemos vivir hoy y mañana con
fe. Desafiamos al futuro con la fe en Dios. Pedimos a Dios con fe:
“¡Dios! Haz esto por mí. Haz esto otro por mí”. La oración es un
desafío con la fe que cree en Dios y creer que Él lo hace por nosotros.
Esto es todo lo que podemos hacer, y nuestra propia voluntad y juramento
de lo que haremos en el futuro son inútiles. No podemos garantizar
nuestro futuro o cualquier otra cosa por nosotros mismos. Nada es
seguro. Por eso Dios, el Señor de todos los anfitriones, nos enseñó
la lección de las Escrituras de hoy, para que no nos preocupáramos
por qué comer, beber o vestir.
Queridos hermanos cristianos, no deberíamos preocuparnos
por cómo vivir, cómo cuidar nuestra carne. No nos preocupemos. “¿Quién
de vosotros con sus preocupaciones puede añadir a su estatura un
solo codo?” “Soy así de alto”, pero ¿me haría un solo centímetro
más alto porque me preocupara? Ocurriría esto si nos preocupásemos
toda la noche así: “¡Esto es lo que quiero ser!” No hay nada que
funcione porque nos preocupemos. ¿Nos ganamos el pan o mucho dinero?
No deberíamos estar ansiosos por nada, sino que en
todo, mediante oraciones y peticiones presentar nuestras súplicas
a Dios. Recen fervientemente y pídanle a Dios con fe. Eso es lo
que tenemos que hacer. Creer y rezar es lo que tenemos que hacer.
Si están preocupados, pidan ayuda a Dios. Confíen en Dios. Hermanos
cristianos, vivan creyendo en Dios. ¿Entienden? —Sí—.
Vivimos si creemos, pero morimos si no creemos.
Queridos hermanos cristianos, si no creen en Dios,
mueren. Si confían en todas las posesiones que tienen, se acabarán.
Tal y como la vaina se abre y los guisantes salen, todas las posesiones
se acaban. ¿Cuántos guisantes tiene una vaina? ¿Tiene cien guisantes?
No, sólo cuatro o cinco guisantes. Queridos hermanos cristianos,
pensemos en esto. ¿Pueden vivir sus vidas enteras con tan sólo lo
que tienen, como su poder, su habilidad, su salud, y su riqueza?
Quiero decir que deberían considerar si pueden cumplir todas sus
obligaciones humanas con sus hijos o sus padres. Queridos hermanos
cristianos, ¿podemos contarlas? Por mucho dinero que tengamos, si
tenemos vida con sólo esto, no podemos vivir. Entonces ¿qué necesitamos?
Necesitamos tener fe en Dios y en Su Palabra.
Hay una cosa que me gustaría decirle a voz en grito.
Es que sólo crean en Dios. Aunque no puedan ver a Dios con sus propios
ojos y la fe en Él parezca no tener fundamento, deben creer en Él.
Simplemente crean en Él. Eso es todo.
La Biblia dice: ahora bien: “Es la fe la garantía
de lo que se espera, la prueba de las cosas que no se ven, pues
por ella adquirieron gran nombre los antiguos” (Hebreos 11:1-2).
Aunque no haya ninguna evidencia que se pueda ver, ni una cosa tangible
que coger, debemos pedir a Dios cualquier cosa con fe: “Dios, dame.
¡Creo! Cuida de todo lo mío: comida, ropa, casa y todos los problemas
de mi vida. Ayúdame a vivir una vida digna”. Si creen en Él y le
piden ayuda, Él les responde. Sin embargo, si no creen y viven confiando
en su propia fuerza y en sus cálculos, entonces morirán. Perderán
hasta lo último que les quede y se convertirán en mendigos.
El verso “los justos vivirán de la fe” significa
que la única cosa de la que puede vivir una persona justa es la
fe. “Los justos vivirán de la fe” (Romanos 1:17; Hebreos 10:38).
Queridos hermanos cristianos, no hay nada más allá de la fe en Dios.
Queridos hermanos cristianos, ¿creen? La fe no es algo que pertenezca
a otros. No desarrollan su fe para luego dársela a otro. La fe es
suya.
Únicamente podemos vivir si creemos en Dios y en la
Palabra de Dios. Funcionamos según nuestra fe en Dios y Su Palabra.
Es más importante creer en la Palabra de Dios, rezar con fe en Dios
y vivir siguiendo Su voluntad, que preocuparse por todo.
Regreso
a la Lista
|