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¿El confesar nuestros pecados puede hacer deshaparecer nuestros pecados?
No. Los pecados no desaparecen con la confesión,
pero sí con la fé en el evangelio por el agua y el Espíritu. Nuestros
pecados pueden desaparecer sólo cuando confíamos en el bautismo y la sangre
de Jesús, que nos limpió de nuestros pecados. Esto es el evangelio de
la salvación espiritual de Jesús, que quitó todos nuestros pecados con
Su bautismo en el río Jordán.
La confesión de pecados es la aceptación de la ley de Dios, pero la redención
es dada a nosotros sólo cuando confíamos en el bautismo y la Cruz de Jesús.
El agua del bautismo y la sangre de Cristo es la verdad del cielo que
salvó a todas las personas de los pecados, y la salvación de las personas
no depende de la confesión de los pecados, sino en confiar en que Jesús
quitó todos los pecados de todo ser humano con Su bautismo. La crucifixión
de Jesús fue el castigo por los pecados que Él quitó de nosotros.
Entonces la salvación verdadera de las personas está en el bautismo en
el río Jordán y la sangre en la Cruz. La razón por la cual fuimos limpiados
de todos nuestros pecados es que confíamos en Jesús que quitó todos nuestros
pecados.
Si existen los que predican que podemos ser redimidos por confesar nuestros
pecados, ellos están ignorando la salvación verdadera de Dios.
Por eso debemos confiar en el bautismo y la sangre de Jesús, la salvación
de Jesús. No diga que los pecados de las personas puedan ser redimidos
por confesarlos a Dios.
Sepa que nuestros pecados van a llevarnos al infierno pero los pecados
pueden ser limpiados por confiar en Jesús, Su bautismo y sangre, que nos
remidió e hizo justos ante Dios. Esta es la única manera en que podamos
salvarnos de todos nuestros pecados. Debemos darnos cuenta de que hemos
sido limpiados de nuestros pecados una vez y para siempre por confiar
en las palabras de la verdad, el agua y la sangre de Jesús.
Los pecados no son borrados siempre que los confesemos. Si usted insiste
en depender de la confesión, usted va a terminar en el infierno. Permítanos
confiar en el evangelio verdadero para que los pecados en nuestro corazón
puedan ser limpiados. Confíe con su corazón, no con su cabeza, y sea libre
de sus pecados para siempre.
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